CRÓNICAS: Lecturas del fin de semana.

MARAVILLOSAS MUJERES

Manuel Palacios

   Dedicado a mi madre Josefa Loro, a Josefa Sánchez, un montón de Josefas más, a mis abuelas Josefa (¿veis?: ¡otra!) y Catalina, Inés Abril, Dolores Palacios, Josefina Palacios, la Señora Isabel, a mi mujer Nathalie Moulergues, a la Vinagrera, a la Teresa Mordijuye, a Pepita Abril y sus hermanas Inés, Luisa y Antonia, a las maestras Frochoso, a Doña Antonia, a María Romero y su grupo “libertad sin sumisión”, a vuestras mujeres, a las madres, a las hijas, y a las hijas de las hijas de toda la humanidad, pero, enfocadas ahora en …Logrosán.

 josefa loro   Recuerdo un chiste malo que contó Marisa Gallardo allá por los  gloriosos y simpáticos comienzos de la Coral de Logrosán, antes de que ese intento aventurero musical, y el queridísimo grupo de personas que lo hicieron posible, hiciesen al “aglutinador musical que participó en su creación” uno de los mejores regalos que nunca se le han hecho, poniéndose como nombre “ coral “Manuel Palacios” por decisión de sus miembros y aceptación muy agradecida del fulano en cuestión. Como he dicho que voy a hablar de mujeres….empiezo hablando de “mí misma”….!!! (no hay comentarios por parte del traductor).

   El chiste era malo, malo, pero lapidario y sentencioso, ¡¡hay que ver lo que me repito!!: “Detrás de un gran hombre siempre hay una mejor mujer…que le recuerda todos los días lo gilipollas que es”. Creo que lo he recordado perfectamente e incluso me parece que ha mejorado con el tiempo, ¿verdad, Marisa?. Sé, desde hace mucho, que las letras y la palabra (hablada y escrita), son patrimonio más de mujeres que de hombres, ellas, a menudo, bulímicas de literatura, que leen y leen… y leen sin rubor cosas escritas como “gran hombre”, “inmenso”, y un largo etcétera referidas al sexo masculino….

010

 Pues bien: yo quiero dedicarles a todas esas mujeres que siempre pasaron desapercibidas en aquel mundo que desapareció hace ya tiempo, diseñado por y para beneficio de machos, máxime  si estos se sentían en posesión de algún tipo de carnet, este capítulo, con el fin de expresarles a todas mi devoción sin límites. A un gran porcentaje de las que han pasado por mi vida las tengo en un altar a salvo de la maledicencia, donde nadie las puede tocar ni manchar. Y, en lo que a mí respecta,  lo único que puedo hacer es besar el suelo que pisan y agradecerles de todo corazón su existencia, apoyo y ayuda, porque lo poco que pueda ser se lo debo, casi por entero, a ellas, esas que se han ganado el cielo viviendo en esta vida y soportándonos.

    Por cierto, y hablando de cielo, creo que esa historia de que el Dios de la Biblia echó a Adán y Eva (metáfora simplista de la humanidad) del  Paraíso terrenal, en realidad podría ser un poco diferente, y  me gustaría ofrecer mi particular versión. Si no nos damos cuenta de que vivimos aún en el Edén, y Logrosán es un verdadero Edén, todo hay que decirlo, es porque muchos no seríamos conscientes de ello. En esa interpretación personal, Dios no  habría quitado nada a la primera pareja, sino que, muy listo, como Dios solamente lo puede ser, habría deformado esa consciencia, colocando filtros entre el exterior y el corazón o el alma;  el filtro del deseo, ese ansia de tener más y más, lo que te obliga a sentirte insatisfecho porque nunca poseerás todo lo que te gustaría poseer, y cuanto más tienes más quieres, la soberbia, la insolidaridad, etc…. El que no se da cuenta del valor de una flor, el mar, el cielo azul, la lluvia, una montaña, un árbol, un animal o una persona, la vida, su propio cuerpo, etc…, no sabe que vive aún, perdido de su propia ceguera, en el mismito Paraíso Terrenal de la Biblia, cuya pérdida seguimos lamentando tantos, simplemente porque no somos capaces de apreciar los regalos que tenemos siempre ante nuestros ojos desde que los abrimos por la mañana. Y creo, a pies juntillas, que la vida, la felicidad y el Edén pertenecen de justicia a  los que se arriesgan, aguantan el tirón, ese tirón que a veces dura tantos años, y terminan ganándolo todo porque pasan la existencia sembrando semillas para un futuro próspero y haciendo cosas bonitas por ese paraíso y los que con él comparten, o compartirán, su existencia.

     Verano. Siesta abrasadora. Trujillo. En el coche. Parados a la sombra hacía veinte minutos. No recuerdo bien si esperando a Godot o a quién…. Mi padre a mi lado, ya paralítico. Yo, en el sitio del chófer. Me hizo notar su presencia a unos cien metros. Llevaban allí desde antes de que parásemos. Dos señorasde pie . Diríanse madre e hija. También a la sombra. También esperando. Vestidos oscuros. Cada una con su bolso. Más o menos por donde arranca la carretera de Plasencia. En la abrasadora siesta extremeña la canícula y la kalima bailan a la vez una lenta…, una lenta de las de “arrimarse bien” en la discoteca de Tomás, con el  sofocante y seco calor del sol, envuelto de alguna forma con lejanas trompetas de chicharra. Ese momento del día , y a esa hora, en el rincón de madre tierra que nos ha tocado, más por suerte que por desgracia, el calor, que no para de bailar ese lentorro danzón, , se desploma sin dejar el ritmo , o, en términos de fundición más apropiados, “cuela” con parsimonia sobre vivos y muertos como si fuese oro derretido, lo del plomo es demasiado pesado y gris. La cruda realidad  es que el tiempo y el espacio se vuelven…. delicuescentes.DE MANUEL PALACIOS (4)
DE MANUEL PALACIOS (17)

     La escena lo inspiró y la sabiduría volvió a hablar por su boca. Hijo, fíjate: Las mujeres son así, sufridas, discretas. Estarán esperando a alguien. Pueden quedarse así horas y horas. Son capaces de aguantar de todo sin quejarse ni llamar la atención. Ni tú ni yo podríamos soportar lo que a no pocas de ellas les ha tocado. Son dignas del mayor respeto. Hacen cosas por todos sin esperar nada a cambio. Sencillamente. Como el que no quiere la cosa.

     La mayor, vestida con la halda  y pañuelo a la cabeza. La más joven a cabeza descubierta. Pensando…pensando en todas esas mujeres anónimas que hemos visto siempre en sus cosas, en sus diálogos, en su sacrificado trabajo, soy cada vez más consciente. Todos sabemos que hemos vivido y seguimos viviendo en una sociedad mediatizada por los machos, fuertemente estructurada en ese sentido, y de muchas maneras más…para beneficio exclusivo de éstos.

     Las mujeres, entonces…¿qué eran?. ¿Qué es una mujer que responde cuando uno, a la edad del lento y somnoliento despertar con los primeros bochinches de conocimiento, le argumenta “es que los mejores modistos son hombres, los mejores cocineros también, los mejores directores, etc…, así unas cuántas “flores” más…”, y ella contesta: ” ¡pues tienes mucha razón!; las mujeres estamos aquí para servir a los hombres”?. Te deja la respuesta sintiéndote literalmente “el puto amo”, el rey de la selva, y desde ese momento las sientes, un poco con pena especial, especie de conmiseración aderezada de condescendencia, sólo por humanidad. Al fin y al cabo, pobrecillas, ¿no?, ¡¡nosotros tan grandes y ellas a nuestro servicio!!. Chicos: nunca tomeis nada de lo que os dice un adulto como inamovible, las ideas recibidas y no cuestionadas, por el mero hecho de que nos benefician personalmente, son las que perpetúan todas las injusticias del mundo de miles de maneras diferentes

     Llevo aprendidas muchas más  lecciones magistrales de vida venidas de tantas y tantas mujeres de todo tipo, raza, edad, clase social, cultura, físico, equilibrio mental y espíritu, que de muchos más grandes hombres egocéntricos, engreídos y prepotentes. Mucho tiempo he despotricado de los que hablan de hombres o mujeres como si esto fuese un partido de fútbol, cuando pienso que todos somos personas igualmente dignas de infinito respeto. Una amiga suiza llama a esa actitud de competición de sexos “el más horrible racismo del mundo”.  Pero me veo obligado, y espero que no sea la única vez, a responderme a mí mismo. Un capítulo se llamó “mi padre”, otro, “Goyo”, otro “Don Manuel Montes” y “Don Victoriano”. De féminas he hablado un poco de pasada y como acompañamiento, vamos, como si hablase de patatas fritas para un chuletón de ternera. Pero hoy quiero hacer una acotación explicativa. No me puedo hurtar, así como así,  a la educación que recibí tanto de ellos como de ellas, pero cada vez la pongo más en tela de juicio, cartesiano y científico, intento escuchar a mi corazón cuando me dice que algo es injusto.

  pic37 Las mujeres por aquel entonces eran personas buenas, modositas, obedientes, discretas, algunas sumisas forzadas, que transitaban una existencia a la sombra del marido o de algún familiar de más edad, en su defecto, muchas veces consoladas por el cotilleo, la vida social  y el bálsamo espiritual de la Fe a diario. Sus tareas y desvelos pocas veces fueron valoradas por las caras opuestas  de la moneda, entre otras cosas porque no cobraban nada por “sus labores”, tenían un techo pagado, además del sustento, gracias al sueldo del hombre que les hubiese tocado en la lotería de la vida, y, agradecidas, hacían su parte de trabajo. Casi ná: lavar, planchar, barrer, fregar, coser, hacer la comida, servir de enfermeras, ocuparse de atender y dar ese cariño que los hombres ni podían ni hubiesen sabido mostrar, aunque quisieran (la ternura no era muy de machos), a los hijos, a los hermanos pequeños, a los padres, a los abuelos. Cuando no había lavadoras ni coches, si iban solas, tenían que cargar la ropa sucia en un cesto que se colocaba sobre la cabeza por mediación de una “rodilla” (creo que se llama así), hasta el “Helechar”, lavar, tender al sol la ropa en aquel vergel, esperar que se secara, volver para planchar, cocinar, poner mesa, quitarla, lavar platos,  y, al fin del día, cuando el marido llegaba… hasta podía decir ¿dónde están mis zapatillas?, que ella se las traía religiosamente y , para colmo, le daba un beso y le hacía una caricia. Él vendría de su trabajo, harto,  cansado, oliendo a sudor del campo,  o del bar, oliendo a vino, o las dos cosas a la vez. Pertenezco a una generación en la que muchos no hemos visto ni a nuestros padres ni a otros adultos  besarse de amor más que en el cine o en la tele, y esas mujeres es prácticamente casi lo único que necesitaban, trato afable, educación, ademanes cariñosos, una sonrisa, una caricia, y  gestos de gratitud, así como ayudar en lo posible con  las “tontas” “labores” para sentirse pagadas por todos sus desvelos.

    Siempre hubo maltrato, siempre hubo algún hombre que anduviera a gritos, malas maneras, insultos o agresiones físicas de cualquier tipo, y alguna mujer provocadora dialéctica, en eso también son grandes maestras, y el daño que hacen no se ve. Los sarcasmos hacen mucho daño. Seguimos con los mismos problemas porque persiste la obcecación por “quedar por encima”, sociedades de poder piramidales, jerarquizadas producen deseos de “venganza”. Donde aparece el poder, aparece el abuso de su mano. Soy hombre, ahora soy consciente de eso, y cada vez que leo noticias sobre violencia de machos, mi integridad masculina se lleva un soberano bofetón, porque el protagonista de esa historia bien podría, en otras condiciones de vida, haber sido yo mismo. Además luego había que acostarse, siempre en el mejor de los sentidos, y en la siesta. Y por la noche, la mañana, antes de levantarse, muchas veces se “escucha el canto de la golondrina. Siempre fueron muy inteligentes, más que ellos, por lo general, miles de veces hartas de todo ese esquema en el que ellas llevaban una grandísima carga y el mínimo protagonismo.

pic83        Muchas mujeres del mundo mundial desarrollado se dieron cuenta de esa injusticia social que era el machismo y terminaron creando, evidentemente fuera de nuestras fronteras, por oposición completa, la corriente “feminista”, y la verdad es que, al feminismo en ciernes, versión española “edulcorada”, de la etapa republicana, y en Logrosán, por la época de la que hablamos, solamente le había quedado una representante oficial. Y, además, era de mi familia. La llamaban “La Vinagrera”. Mujer con la que hablé poco, pero de la que Don Benigno me contó para dar y quedar, a él le caía muy bien por libre y vividora a su aire. Resulta que era prima lejana de abuela Pepa, la mujer de abuelo Atilano.

   En casa de mis abuelos se vendía vino y vinagre de la producción casera. Se impone una historia: una vez se acercó un señor a preguntar a mi abuela Pepa si tenían en casa vinagre “macho”. Nada tiene que ver con ese tema del machismo con el que he empezado. Ella no se lo debió pensar ni medio segundo, inhibiría a toda prisa un gesto de perplejidad y le contestaría, casi instantáneamente: “claro que sí”. El señor quedó extasiado. Llevaba buscando vinagre “macho” una larga temporada por todos sitios y venía  de otro pueblo más o menos cercano a preguntar porque… le habían hablado. Da igual la cantidad que deseara. Seguramente él traería un recipiente vacío para echar el producto, así se hacía. Abuela Pepa lo tomaría, yendo adonde guardaran el vinagre, llenaría el cacharro y lo volvería a traer al señor, que pagó religiosamente. Tras la despedida, y, según se daba la vuelta para marcharse con el producto que, finalmente, había encontrado, mi abuela Pepa le dijo: “Y si algún día necesita vinagre “hembra”, sepa usted que se lo podemos vender igualmente”. Y hacia su pueblo se fue tan contento con su vinagre “macho”.

   Mi abuelo Atilano fabricaba vino y vinagre incluso había comprado libros sobre el tema escritos para enólogos; en ellos se hablaba del “etanol”. Su hijo Benigno lo escuchó alguna vez decir que él creía que “eso a lo que llamaban “etanol” en los libros, debía de ser lo que la gente de “a pie” llama “alcohol” , alcohol etílico, por más señas, añado yo, así que, de ese vino “acéo”, el que se avinagraba, porque el alcohol viene a degenerar en ácido acético,  le daban a la famosa prima “Vinagrera” para que lo vendiera pregonando, o de puerta a puerta. La vinagrera venía a ser, y que me perdonen la opinión pública y quien la quisiese mal, porque pienso hacer de ella la imagen  viviente de lo que es una mujer libre a la que le importan los estamentos, y la gente que la rodea, con sus formas y sus reglas, mucho menos que un comino. El último superviviente  o primer ejemplar de  feminista de postguerra civil que ha pateado y repateado los empedrados de Logrosán. Y no le importaba lo que la gente pudiese murmurar tras sus persianas con aquella corrección política que tocaba, equivalente a la hiper-restrictiva época victoriana en Inglaterra. Pero en esta ocasión, se trataba de lidiar con la moral española, muchos años anterior a la victoriana, mezcla explosiva basada en el ancestral terror de los españolitos a la “Santa” Inquisición” y el nuevo orden aportado por  los buenos, los ganadores del 39, e impuesto, igualmente, desde lo alto para decir a todo el mundo cómo tenía que ser de puertas afuera y cómo tenían que comportarse para que nadie se saliese del  rígido esquema que se necesita para poder ser gobernados con el mínimo esfuerzo.

    Resulta que la Vinagrera vivió el eterno carnaval de almas y reencarnaciones que es esta vida, siempre como le salió del empeine y sin dar cuentas a nadie.

 
DE MANUEL PALACIOS (12)   Mujer a la que conocí bastante mayor, un tanto encorvada, vestida, más bien, como Dios le daba a entender y bastante desaliñada, lamento no haber hablado nunca con ella, seguramente no era el momento. En cierta ocasión, su hijo pidió, desde las Américas, a la madre que le enviase por carta una foto para que él se hiciera cargo de cómo se encontraba. Entonces ella, con toda tranquilidad pidió prestadas a la prima Josefa sus mejores galas y con ellas se vistió, quedando muy arriscada, para enviar al otro lado del Atlántico una versión bastante diferente de la que estaba la gente acostumbrada a ver por las calles. Podía ser hasta molesta, depende para quién, pero era libre. Se rompió una pierna y ni siquiera fue al médico de turno, se quedó en su cuchitril hasta que se curó el asunto naturalmente y pudo volver a vender lo que fuese y recoger colillas de las calles al objeto de sacar el tabaco que quedaba dentro, supongo, y  liarlo para fumárselo con su ínclito compañero, el tío “Milisierra”, de éste me han dicho que tenía pasta y era de Cañamero, se enamoró, se vino a vivir con ella y terminó con el tiempo indigente físico y mental, como su pareja, pero igualmente libre.

   La última anécdota  la conozco de propia mano, porque llevé en coche a mi madre, a mi abuela Catalina, a abuela Pepa y a ella para votar en el Instituto en unas de las primeras elecciones generales de la democracia y, cuando llegó el momento de introducir los votos en la urna, tras haberse identificado, la escuchamos decir todos muy alto y claro que ella votaba por los pobres. No sabía que alguien, muy hábil, le había dado el cambiazo y metido en los sobres que introdujo en las urnas, papeletas de Alianza Popular, a mí me lo dijeron después.

    No recuerdo bien,  tampoco quiero preguntar, pero creo que él había muerto ya de cualquier cosa y ella, un tiempo después de su aventura electoral, creo que me han dicho que se bebió una botella de lejía con un buen par de……gónadas muy bien puestas  y terminó con la vida que, por suerte y por desgracia, le había tocado vivir, como Franck Sinatra con la coca…”a su manera”, “My way”. En este caso “His Way”. Esa a la que siempre vivió.

                                                              Manuel Palacio Loro

 

A %d blogueros les gusta esto: