EL TINTERO DE MARÍA. Los médicos de Logrosán

Aunque, desde 1908, el Servicio Nacional de Salud recaía en los servicios sociales, fue en 1989 cuando se completó el proceso, recayendo su sostenimiento a través de impuestos.

Imagino que para completar el sueldo que recibían los médicos a través de estos servicios, cada familia, según se afiliaban a un profesional u otro, pagaban al año lo que se llamaba una “ iguala”.

Cuando yo nací había tres médicos en Logrosán: D. Tomás Rojas, D. Alfonso Rubiales y D. Paco.

Mi familia paterna tenía iguala con D. Alfonso y la materna con D. Tomás, al casarse mis padres, mi madre pasa con mi padre con D. Alfonso.

Él fue quien atendió a mi madre en su alumbramiento, con la matrona, debido a una hemorragia que mi madre tuvo después del parto.

Entonces no había pediatras en el pueblo, todo pasaba por los médicos de cabecera. Nací guerrera, llorona, no mamaba, mi madre estaba desesperada y mi padre (cuántas veces me lo ha contado), se quedaba dormido encima de los árboles, no sé cómo no se mató. Me llevan al médico, con cuatro kilos y medio que nací ,cada vez iba quedándome más escuálida, así casi cinco meses, él no me vio nada, sólo le dijo que lo que tenía la niña era “ muy mala uva”…toma castaña.

Mis padres se cambian de médico con D. Tomás, él intuyó lo que me pasaba, pero recomendó que me llevasen a un médico de niños muy bueno que había en Zorita, particular claro. Así se hizo, me llevaron mi madre y mi abuela paterna, después de diversas exploraciones diagnosticó una otitis de caballo. Me pusieron un tratamiento y empecé a reverdecer, poco tiempo duró, porque he sido la peor comedora del mundo, no había moza en mi calle que no se ofreciera a mi madre para darme de comer, ¡cuánto hice padecer a mis padres¡

  1. Tomás era especial, en muchos sentidos, la consulta podía empezar a las diez de la mañana y acabar a las dos, pero él pasaba antes por el campo, miraba sus animales y luego pasaba la consulta, empezaba a las tantas, podíamos llevarnos allí hasta las cinco de las tarde.

Yo iba con la cartilla de mis abuelos y de mis padres para que me hiciera las recetas, primero me llevaba los cartones de los medicamentos, después no hacía falta, me los sabía de memoria.

Él me preguntaba: Mariquilla, ¿para quién es esto? Y yo le decía para este o para el otro, aunque él lo sabía, me probaba constantemente.

Un día me dijo, Mariquilla: tú tienes que ser enfermera.

Yo: no D. Tomás, yo voy a ser Maestra.

Él seguía insistiendo con el tema, y ya le dije un día: mire usted, sabe quién va a ser médico: mi hermano, ni corto ni perezoso me contestó: muy bien, él médico y tú enfermera…pues mi hermano, sí es médico …pero yo maestra, como siempre quise.

Pensándolo bien un poco machista sí que era, ¿por qué no podía ser yo el médico?

No he visto una consulta más desordenada en mi vida, detrás de su mesa, en la pared, tenía colgada su orla, yo siempre me quedaba ensimismada buscándole, él se dio cuenta y me dijo: ¿me estás buscando eh? , y me llevó y me enseñó donde estaba él…me encantaba …que joven y que seriecito estaba. Siempre lo admiré como médico y ser humano, siempre fue muy cariñoso y atento conmigo y toda mi familia.

Tenía obsesión de que me veía delgada y me preguntaba: ¿Mariquilla tú comes?, si D. Tomás yo como…él me decía : te voy a mandar unos “botes” a ver si engordas un poco, estás muy esbelta pero unos kilitos no te vendrían mal. ¡Dios cuántas vitaminas me pinchó D. Fernando¡, y mi madre encantada porque estaba “ aburriaaaaaa” conmigo.

Su celeridad salvó a mi abuelo de tres infartos, reaccionaba muy rápido a sus tratamientos.

Mi hermano Manolo, jugando en el jardín de la plaza, dando vueltas al pilón, metió el pie en el desagüe, uno de los barrotes de la rejilla se le clavó en la pierna, le llevaron inmediatamente donde D. Amaro, el practicante que vivía en la plaza, ante la envergadura de la herida fue llevado directamente a D. Tomás, él lo curó y le dio los puntos. El día antes del día del Pilar mi hermano empezó con unas fiebre altísima, al levantarnos y ver como le superaba la pierna, mi madre me mandó inmediatamente ir a buscar al médico, cuando llegué me dijeron que estaba en misa, allí que me fui corriendo, divisé donde estaba y hasta allí me fui, era el día de la patrona de la guardia civil…me acerqué a él y me dijo: ¿qué pasa Mariquilla? , mi hermano que está muy malo.

Él: vete para casa que ahora voy yo…

Yo: No, usted se viene ahora mismo.

Cuando llegué a casa ya estaba él allí, fue muy duro, pero salvó a mi hermano su pierna, una gran cicatriz recuerda tan aciagos momentos.

Mi hermano Vicente, también se rompió el brazo, cuando llegó a Cáceres mi madre con él, el especialista sólo escayoló, estaba debidamente colocado, él preguntó y cuando le dijo mi madre el médico que le había atendido le contestó: Uno de los mejores que he conocido.

Ya en Madrid, a dos especialistas a los que tuve que acudir, viendo mi acento, me preguntaron de donde era, al decirles que de Logrosán, me dijeron que allí estaba uno de los médicos mejores que habían conocido, D. Tomás… que hubiera sido el mejor de los especialistas, aunque él se inclinó por la medicina de cabecera. Fue muy hermoso para mí, la pena es que no pude decírselo a él.

Después de casada, estando embarazada de mi hijo el menor, fuimos a Logrosán por fiestas, salimos un poco con mi hijo el mayor, pero volvimos pronto a casa, al poco de acostarnos mi marido empezó con un dolor horrible en la zona de los riñones, inmediatamente me fui a buscar al médico, D. Tomás, o se había jubilado o fallecido, yo me fui donde vivía D. Alfonso ( en plena plaza)… timbrazo al canto, él se asomó al balcón, detrás de la persiana estaba en pijama, sólo sacaba un poco el cuerpo.

Él: ¿ qué pasa Cabanillas?

Yo: mi marido tiene un dolor muy fuerte y tiene que ir usted a verlo.

Él: busca al médico de urgencias, si no le encuentras, vuelves otra vez.

Yo: le he dicho que no conozco al nuevo médico que venga usted…

Ante su negativa lo amenacé y le dije: si a mi marido le pasa algo, no va tener usted lugar donde esconderse.

En esto veo que se me acercan dos guardias municipales, yo pensé: estos me llevan a calabozo por escándalo público, no, me dijeron que me montase en el coche con ellos y que me llevarían donde la médico que estaba de guardia (la que sustituía al Dr. Vidal, nuevo en el pueblo), timbrazo…se levanta y me pregunta que qué pasa, explico…

Ella: ¿qué ha cenado?

Yo: tortilla de patatas y pimientos fritos.

Ella: parece un cólico biliar.

Yo: NOOO, es un cólico de riñón. (ví muchos con mi madre).

Ella atónita: deme la dirección que ahora voy para allá.

(por supuesto me acompañó la pareja de municipales en coche)

Cuando llegó, siguió insistiendo en lo mismo, craso error, al otro día había una piedra en el orinal, menos mal que la expulsó pronto.

Al día siguiente fui a la farmacia y no había persona que no me preguntase por el marido, imaginaros en plena plaza a voces, con lo vergonzosa que soy yo, no sé cómo pude pegar esos gritos en plena plaza y “ abarrotá “

GRACIAS D. TOMÁS Y D. ALFONSO, MI AGRADECIMIENTO MÁS PROFUNDO.

A D. TOMÁS, SIEMPRE LO ADMIRÉ, TRATÓ A MI FAMILIA Y A MÍ CON UN CARIÑO INMENSO…Y ALLÍ DONDE ESTÉ QUE SEPA QUE NO LE HICE CASO E HICE MAGISTERIO.

Estoy seguro, que usted estaría orgulloso del gran médico especialista que es mi hermano.

A D. ALFONSO Y SUS FAMILIARES MIS DISCULPAS POR LAS VOCES Y LAS AMENAZAS QUE LE PROFERÍ EN PLENA PLAZA.

Alguna cosa quedará en el tintero, pero este recuerdo lo merecen ambos, formaron parte de mi vida y en sus manos estuvo mi salud y la de toda mi familia.

GRACIASSSSSSSSS.

M.C

Madrid, 28 de mayo del 2018.

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2 comentarios to “EL TINTERO DE MARÍA. Los médicos de Logrosán”

  1. Sigo tus escritos en LAD. Gracias por este último referente a Los Médicos de Logrosán. Ha sido especialmente emotivo para nosotros. Mi nombre es Diego Gálvez y soy el marido de Rosa Esteban Moreno, la hija pequeña de D. Tomás. Por cierto, el nombre era Tomás Esteban Rojas (Esteban apellido).
    Rosa y yo mantenemos nuestras raíces en Logrosan, donde tenemos casa, y Cañamero (mi pueblo) aunque vivimos en Madrid.
    Coincido contigo en que D. Tomás era excpcional como médico y como persona, aunque su valía no ha sido reconocida.
    Para D. Tomás su pasion era la medicina. La luz de su despacho, si tenía un caso por resolver, se apagaba con mucha frecuencia bien entrada la madrugada. Por eso sus diagnósticos eran siempre certeros y reconocidos por cualquier especialista como tú misma pudiste comprobar.
    Estuvo ejerciendo la medicina durante más de 50 años y bien se merecería que la Calle Teatro se cambiara por Calle de D. Tomás.

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    • Diego, muchas gracias , en primer lugar por leer mis escritos, salen del sentimiento hacia esa tierra que nos vio nacer y donde arraigamos.
      Me alegro por ti, por tu esposa y la familia de ese gran médico que fue D. Tomás.
      Tu cuñada tenía una farmacia en Leganés, Maruja, donde iba mi madre a por las medicinas, siempre preguntaba por mi familia , en especial por mi tía Pepi, Josefa Cabanillas como ella la llamaba, fueron juntas a la escuela.
      Tu suegra cuando veía a mi abuela en la consulta, la entraba en casa, hasta que viniera D. Tomás, cocía la verdura cuando el no estaba, odiaba el olor.
      Un día en consulta fue llamado para una urgencia, salió corriendo, yo detrás, creo que lo que vi y por su cara, fue uno de los peores momentos de su vida, a su memoria vendría, lo que yo se, algo bastante traumático.
      No solo merece que su calle llevara su nombre, merecería una plaza, excelente médico y mejor persona, yo la pediría…
      No se salió con la suya conmigo…pero estaría muy orgulloso del gran médico que es mi hermano.
      Muchas gracias, por tus palabras… mis mejores deseos para toda vuestra familia, yo lo llevo en mi corazón…donde se guardan los mejores tesoros.
      María.

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