EL TINTERO DE MARÍA: De azucena a lirio morado.

Lucía, hija de campesinos y la menor de tres hermanas era la alegría personificada; de mediana estatura, tez morena, larga melena, cabello castaño oscuro y ligeramente ondulado y unos ojos… ¡qué ojos!, negros como carbones…podrías perderte en ellos, eran dos luceros en la noche y sonrisa en el amanecer.

Trabajaba de modistilla en un pequeño taller de costura…era la alegría del grupo, siempre canturreando e imitando con sus manos y gestos a los artistas del momento…
Desde hacía más de un mes, con la ayuda de su maestra, se estaba confeccionando, el que sería su vestido para las fiestas patronales…
Había elegido una hermosa tela de piqué color azul ultramar, talle encajado, y falda de vuelo, sin mangas, escote barco, todos los finales festoneados en color blanco, largo por debajo de la rodilla…

Llegado el día, estrenó su vestido y como complemento unos hermosos zapatos de tacón medio de aguja y en su pelo una sencilla cinta de raso, también blanco. Un ligero toque de colorete, y apenas con un suave toque color rosado en sus labios. Las veletas cambiaban de dirección a su paso, ni un mechón de su cabello fuera de lugar, ni el aire se atrevía a rozar su rostro.

El baile, era el lugar donde daba rienda suelta a lo que era la máxima expresión de su ser, la alegría que provocaba en ella cada nota, cada acorde…los pies se movían solos…en un momento determinado alzó su mirada y ésta se encontró con unos hermosos ojos azules…nunca había visto una mirada que la atrapara hasta el punto de perder el compás de su baile. Aquí empezó todo.

Juan era vecino de un pueblo cercano, regentaba un pequeño taller de reparación de coches y motos…un mecánico de prestigio en la comarca.

Acudía a recogerla a su salida del taller…ella esperaba ese momento con un nerviosismo que provocaba las risitas de sus compañera, era un hombre apuesto, fornido, lo que se dice “un hombre bien plantao”

Siempre la hacía alguna sugerencia, con respecto a su forma de vestir o pequeños detalles como el colorete en sus mejillas o el carmín de sus labios: “con una rebequita, estarías más elegante” “eres tan hermosa que no necesitas ni color en tus mejillas ni en tus labios”…ella lo percibía, como un halago, para él…su belleza no necesitaba aderezos.

En su taller se confeccionó su hermoso, a la vez que sencillo vestido de novia, tela crepé…blanco, ajustado al talle y con un ligero vuelo en la falda, una pequeña cola barrida, es decir con un poco de volumen en la parte posterior, manga francesa y escote ilusión, como adornos, unos pequeños bordados en el escote y en las mangas .

La noche anterior apenas pudo dormir, observaba su vestido, colgado de la barra de la cortina, la luna como fiel testigo de la espera.

Se levantó radiante, sus ojos expresaban más que nunca, alegría, ilusión, dulzura…y esperanza …una nueva vida.

Sus hermanas fueron las únicas presentes en el ritual de engalanar a la novia. Su vestido blanco, sus zapatos forrados de la misma tela que el vestido, éstos un poco más altos de los habituales, teniendo en cuenta la altura del novio. De peinado un sencillo moño bajo trenzado, en el que iba prendida la hermosa mantilla de chantillí , que lució tanto su abuela ,como su madre…como ramo unas hermosas azucenas blancas, sencillas como ella…como único aderezo unos discretos pendientes de perlas, y ¡ hoy sí¡…un ligero toque de color en labios y mejillas.

Las vecinas adornaron con hermosas flores la calle por donde pasaría la novia, agarrada del brazo de su padre se dirigió a la Iglesia…allí… la esperaba él.

Todo pasó rápido…abrió el baile con su flamante marido, a él le siguió su padre, y todos los familiares y amigos que quisieron festejar con  ella su felicidad.

En ningún momento apreció la cara de desagrado del esposo…

Llegó la hora de la despedida y la partida a su nuevo hogar, el pueblo de su nueva familia.

Al amanecer…observó su hermoso vestido…en el suelo… hecho jirones…

Ni un atisbo de dulzura recordaba, ni un abrazo que la arropara, ni un beso que la hubiese dejado el sabor de la miel…más bien la hiel. Todo por un ligero toque de colorete y carmín y unos bailes … teniendo ya dueño.

Un día, la comida estaba sosa, otro día el café estaba aguado, la casa no estaba a su gusto…te vieron hablar…con este, con aquel…la mesa se coloca de otra manera…no sirves para nada…sin mí no eres nadie… la hora en que te conocí…quién te iba a decir que ibas a vivir como vives…

De las palabras a los golpes, siempre en lugares poco visibles…lejos de tu familia…él te alejó…lejos de vecinas…que sólo vagueaban y chismorreaban…

Tú intentando cada día hacer las cosas mejor, porque creíste que no servías para nada, eras la culpable de todo…eras una mala esposa, los golpes recibidos eran el castigo a tu incompetencia…cada día te lo hacían ver…

Tu hermoso balcón de geranios fue marchitándose a la vez que te marchitabas tú…todo el mundo sabía…pero todo el mundo callaba…

llegaste a desear la muerte, habías fracasado…sin darte cuenta que te estaban matando poco a poco…tus ojos dejaron de brillar, dejaste de cantar… ¡ni para tener un hijo servías¡

Después de tantas y tantas noches vejada, humillada y ultrajada…denigrada de tu condición humana…de todo eso…la semilla prendió…no te atrevías a decirlo…esperabas la seguridad…querías hacerle feliz… que sí servías…

Cuando se acercaba la segunda falta y estabas dispuesta a compartir con él la dicha…entró por la puerta y te dijo: “ Ponte el vestido con el que te conocí, vamos a dar un paseo”…la sonrisa volvió a tus ojos y a tu boca…ese sería el momento…el paseo fue silencioso…hasta llegar a la orilla del río, donde en ese mes de mayo, caluroso, corría una suave brisa…abrió los brazos y sin pensarlo te apretaste a él, abrazándolo con fuerza…en ese instante el frío acero penetró en tu cuerpo…

Te encontraron en un lecho de flor de jara…teñidas de rojo…tus manos abrazando tu vientre…y sobre tu cuerpo a modo de losa…lirios morados.

Creo que esto debe hacernos reflexionar…no a los hombres como creemos, NOOOOO…A NOSOTRAS TAMBIÉN

¿Cuántas veces hemos mirado a otro lado, hemos cuestionado, no hemos creído, que son cobardes por no separarse, que cuándo un hombre busca algo fuera, es porque no se lo has dado en casa…algo habrán hecho…?

ESTO ES UN GRITO DE IMPOTENCIA, DE RABIA…

LUCÍA NO ERA CULPABLE DE NADA… ELLA LO CREYÓ… ERA UNA VÍCTIMA… UNA MÁS…DE LAS 973 QUE SE LLEVAN CONTABILIZANDO DESDE EL 2003… Y LA INMENSA MAYORÍA NO HABÍAN DENUNCIADO…

NADIE LAS PROTEGIÓ.

SOMOS MUJERES NO REVICTIVICEMOS…

NO HAGAMOS CON NUESTRA ACTITUD QUE SE MARCHITEN LAS AZUCENAS Y FLOREZCAN EN NUESTROS CUERPOS LOS LIRIOS MORADOS.

NI UNA MÁS…

CAMBIO DE LEYES.

CON LAS VÍCTIMAS….. SIEMPREEEEEEEEEE.

Madrid 3 de Mayo del 2019…DÍA DE LA CRUZ

M.C.

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8 comentarios to “EL TINTERO DE MARÍA: De azucena a lirio morado.”

  1. María, hermoso relato que nos hace pasar gradualmente de una sencilla cinta blanca en el pelo de Lucía y los ojos azules embrujadores de él, al jarrón de agua fria que tantas veces la vida nos reserva. La inmensa mayoría de los seres humanos -no importa el género- sentimos asco por estos monstruos, a quienes es necesario acorralar, denunciar, asfixiar. A mí también me ha gustado mucho.

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    • Gracias GIUSEPPE, he tratado un tema muy duro, de la forma más sutil que he podido, un tema candente…
      Gracias , porque hombres cómo tú son los que harán que nuestra lucha sea más llevadera.
      Indudablemente, son hechos delictivos…de abuso de poder…de actos de posesión…y todos tenemos la obligación de denunciar, de no mirar para otro lado.
      Un millón de GRACIAS.

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  2. Independientemente del estremecedor mensaje que transmites, con el cual estoy totalmente de acuerdo, el relato que plasmas y que acabo de leer me ha enganchado, me ha entretenido y me ha encantado.
    Infinitos “bravos” por mi prologuista favorita y fiel amiga de mi mujer y mía.
    Besos y abrazos.

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    • Gracias querido amigo…
      Jesús…sí…prologuista de tus libros, pero admiradora fiel tuya, por tu escritura, por cómo eres como ser humano, y sobre todo…EL AMIGO…
      Nos admiramos los dos, por distintas cuestiones…y eso es querer.
      Un millón de besos.

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  3. Cuando empece a leer el relato,pense que era una historia bella del pueblo ,algo de tu entorno y juventud,La narración es excelente,como si de una historia,o una novela,
    Pero no, no es así,,,cuentas luna historia de antaño,de una época,y me metí de lleno esperando eses feliz que tu quizás conocías,,Pero no,no fue así,
    Es una vez mas,una forma reivindicar la violencia, las muertes innecesarias,,solo que de la manera que lo has contado,primero una historia ,que se ha dado tanta veces,pues ha despertado en mi una rabia,e impotencia de injusticia,,,
    Entenderas mi sentir al ir leyendo,,,yo ya verdaderamente ,no confío en la justicia, porque muchas veces no se como pueden evitar que alguien que es capaz de asesinar a mujer e hijos ,y que no le importa la vida,no puede ser una persona normal,
    Haber en definitiva, no hay excusas,ni causas,una persona que mata a su mujer ,no hay ya razonamiento ni reflexión,,no se mata a nadie,,,EL ÚNICO CULPABLE ES EL QUE LO HACE,,,, para mi no hay mas,,,,,,me atrapo tu relato,,,y luego me dejo mal,una mezcla de impotencia ira etc,,,,,,,,,

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    • Te entiendo Emilio, de eso se trataba de ver a una mujer feliz…y su cambio.
      Si es duro…pero es una realidad que no podemos obviar, hacerlo es ser cómplices.
      Me ha costado escribirlo por muy fácil que parezca…por mi cabeza han pasado, todas y cada una de las victimas…Lucía es un ejemplo…uno más…
      Y yo no puedo hacer otra cosa que GRITAR…
      GRACIAS POR TU COMENTARIO E IMPLICACIÓN.

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  4. Gracias Pedro, es un artículo dirigido a remover conciencias…
    UN GRITO DE IMPOTENCIA…

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  5. Mi grito se une al tuyo, al vuestro, cada vez que asesinan a una mujer, o a sus hijos. Paremos esta barbaridad apoyándolas para salir de ese calvario.

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