… FRIYENDO BOTONES: CAPÍTULO 1 (1 de 2)

SEIS MENOS CUATRO?

La tarde anterior habían traído los Andrada de Trujillo nuestra primera televisión que quedó instalada presidiendo “la salita”.

Llegaba tarde. Justo la semana anterior habían echado el último episodio de “Viaje al fondo del mar” que teníamos que ver a cachos, corriendo de bar en bar, hasta ser arrojados de cada uno de ellos a la calle sin compasión por parte de los sufridos taberneros. (*)

Sin embargo llegaba justo a tiempo para Eurovisión. Pero si en 1967 no había ganado Raphael, no iba a ganar esa yo no sé quién que cantaba este año.

Además no estaba claro que lo fuéramos a ver. No irían los Andrada de vuelta a Trujillo ni por el Zorro, cuando la televisión ya no arrancaba y se puso a hacer niebla.

Tente mientras cobro, dijo mi padre. Castigo por no comprarle una Yonder a Tomás Muñoz o una Rekord a Tejero, pensé yo.

Trasteando sin permiso de mis padres conseguí averiguar que, colocándola en el canal 19, al cabo de cuatro o cinco minutos terminaba viéndose. Dieron por buena la averiguación sin entrar en detalles.

Empezaban las vacaciones de Semana Santa y, justo cuando acababa de confirmar la teoría del canal 19, me dijo mi madre: 

 – cuando acabemos de comer te coges derechito y te subes a la ermita y te bajas con la procesión.

 – pero si la procesión no sale hasta las cinco! Qué hago toese rato?

 – rezas cinco salves a la Virgen del Consuelo que seguro que te hacen falta.

 – puedo subir en la bici?

 – deja de decir tontunas y haz lo que te he dicho. Ah y llévate el impermeable nuevo que viene lloviendo.

Todo sucedió tal como mi madre había previsto, incluida la lluvia, menos lo de las cinco salves que yo reconvertí en estrenar el impermeable poyetes arriba poyetes abajo hasta que salió la procesión.

Montarse en una de las verjas de entrada a la cuesta en un día tan señalado era un privilegio limitado a los de la Cerquilla. 

A pesar de eso estuve a punto de montar en una de las pequeñas apadrinado por Emilio. Emilio era mayor que yo pero habíamos coincidido ese curso junto al nunca olvidado Manolo Palacios y repiqueteados todos  (Emilio más que Manolo y que yo) por él tampoco olvidado don Victoriano.

Como sucedáneo a las verjas quedaba el saltarse el muro, aunque yo solamente lo hacía de dentro para fuera.

Por supuesto, nada de lo ocurrido hasta bajar devotamente con la procesión lo incluía yo en el inventario de pecados que mensualmente le contaba Don Francisco. Pero algo no debía ir bien porque al pasar por mi casa camino de la iglesia mi madre me hizo señas desde la puerta del comercio de que, en cuanto acabara la procesión, volviera a casa inmediatamente que ya me contaría ella.

Yo no entendía nada, había ido a la hora que me habían dicho, sin bicicleta, bueno, no había rezado las cinco salves, pero eso mi madre se supone que no lo sabía. Además, nadie me había dicho que las tuviera que rezar en la ermita mirando a la virgen. Podía haber estado rezando mientras subía y bajaba los poyetes.

Que podía ocurrir entonces?

La respuesta en forma de problema de aritmética llegó rápidamente al entrar en casa, o más bien al llegar a la puerta sin entrar.

 – Saliste con seis botones en el impermeable nuevo, sólo quedan cuatro, cuantos faltan?

No di solución al problema planteado por mi madre y como ya me lo veía venir, cuando empezó a dictar medidas cautelares, yo ya iba por la cuadra de Lorenzo.

Hasta doblar la esquina de la señora Ana y el señor Pina las instrucciones eran: chuta parriba y no vuelvas aquí hasta que no aparezcan los dos botones.

Atardecía ya y me causaba bastante inquietud adentrarme en el territorio de la Cerquilla prácticamente de noche. 

(Continuará …)

¿Te atreves a pronosticar que ocurrirá?

JMGOL60 (Septiembre 2019) 

(*) En aquellos días tu padre no iba a hablar con el tabernero y le pedía explicaciones de porqué había echado a su hijo a la calle con frío y lloviendo. Tampoco te llevaban al psicólogo para evaluar el impacto de ver viaje al fondo del mar a trozos y, por supuesto, las redes sociales se dedicaban mayormente a recoger aceitunas y no a poner deditos para abajo y comentarios soeces que atascarían el confesionario de Don Francisco.

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One Comment to “… FRIYENDO BOTONES: CAPÍTULO 1 (1 de 2)”

  1. No esta nada mal,eso de que aparezca me nombre en el primer capitulo,,,si eso va seguir asi casi me atrevo adivinar alguno mas. Pero faenas ibas a tener,te juntabas con uno de los malos de logrosán,,,Los botones no se yo si van aparecer,y no tengo yo muy claro que pudieras engañar a tu madre.
    A mi me ha gustado ,que me transpotes a parte de nuestra historia,lo de viaje al fondo del mar,uff eso para mi era ya el máximo,las ventanas que he recorrido yo para escuchar aquel ruido del submarino bajo el agua,aun tengo ese ruido en la cabeza…y como no,,,bonanza,,,por cierto con los años mi padre compro una (record)a tejero,y no salio mala no,duro casi toda la vida,,quizás porque ni me dejaban darle al botón de enchufarla,,,bueno esperamos el siguien,te,,

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