Los dos acusados se contradicen en sus declaraciones ante la juez sobre qué sucedió la noche en que murió Alfonso Triguero en Logrosán.

La mujer y el hijo del empresario supuestamente asesinado en Logrosán se contradicen.
Él ha llegado a señalar que su madre pudo haber sido la autora del disparo que acabó con la vida de Alfonso Triguero cuando tenía 51 años.
En los autos de prisión, a los que ha tenido acceso HOY, se indica que según el ministerio fiscal es cierto que José Carlos Triguero ha negado que tuviera alguna implicación en la muerte de su padre. «Ha llegado incluso a decir que él no se iba a comer este marrón como consta en su declaración, ha llegado incluso a imputar el delito de asesinato a su madre o ha mantenido otra tesis en que una tercera persona, llámese un sicario, podría haber entrado en la vivienda», se afirma en el auto.
El abogado del joven, Marcelino Rodríguez, hace una matización a este respecto: «No es cierto que mi defendido haya imputado un delito de homicidio o asesinato a su madre, lo único que ha manifestado es que no disparó el arma y simplemente que duda sobre su madre, en ningún caso asegurándolo».
Según este abogado y el letrado de ella, Juan José Gutiérrez, no hay un móvil del presunto asesinato. Según la declaración de Rosa Durán, ella y su marido no discutían; pero el hijo dice que las discusiones en el matrimonio eran frecuentes y le achaca a él supuestas relaciones extramatrimoniales.
Los dos autos de prisión están muy bien documentados, cada uno tiene 8 páginas, y en ellos se recalca que hay numerosos indicios que apuntan a que los dos son coautores de un delito de asesinato, con agravante de parentesco, por lo que podían ser castigados con pena de prisión de 15 a 20 años.
Centrándose en las declaraciones de la viuda de la víctima, la juez destaca que Rosa testificó al principio que ella dormía con el marido en el dormitorio de la primera planta cuando le dispararon, pero al saber que en su pijama no había restos de pólvora y sí en la cama afirmó que por prescripción médica (por problemas de circulación) dormía en el suelo, pero que no lo contó antes por vergüenza.
Llama la atención que ella recalcara que al ver a su marido herido le auxilió, taponando la herida de bala en el costado, pero no había manchas de sangre ni en sus manos ni en el pijama. Tampoco supo explicar cómo era posible que tuviera restos de pólvora en sus zapatillas y no en el pijama.
Otra contradicción es que dijo que la televisión de la habitación estaba apagada, pero cuando el equipo médico y la Guardia Civil dijeron que estaba encendida, ella comentó que podía ser cierto, aunque seguía insitiendo en que salió de la habitación a oscuras y que por eso no se enteró de que su marido estaba herido.
Tanto la madre como el hijo coinciden en que se despertaron cuando escucharon un estruendo (el disparo). Se levantaron y se encontraron en el pasillo. La madre aseguró que había alguien en la casa y él cogió la escopeta sin saber que antes había sido usada contra el padre. No se extrañaron de que el padre no se hubiera levantado, no le pidieron ayuda, y luego al ver que no había nadie en la casa es cuando ella encendió la luz de la habitación y vio al marido malherido. El hijo también dice que taponó la herida pero tampoco tenía manchas de sangre en las manos, en las que sí tenía restos de pólvora, igual que en el pijama. Él ha explicado que había estado el día anterior en una cacería y que había veces que llevaba el pijama por debajo del pantalón, y que la pólvora podía ser de ayudar al padre.
También hay restos de ADN de él en la culata y el gatillo, y de ella en un cartucho. Por cierto, se ha encontrado otro cartucho en el exterior, en el tejadillo de la ventana de la habitación del fallecido.
Hay contradicciones sobre dónde estaba el perro de la familia, ya que dijeron que alguien lo había encerrado en el aseo, pero se le escucha ladrar en la grabación que recoge el servicio de emergencia del 112 cuando le llaman. También declararon que les pudieron haber echado somníferos en la leche y el colacao que tomaron, pero las pruebas de los forenses lo descartan.
Los dos insisten que no acostumbran a cerrar la puerta de la calle, y que hay más gente que tiene llave de la casa. Comentan que el autor del crimen pudo haber sido un sicario; pero los autos señalan que un sicario trae su propia arma y no coge una escopeta en la casa y va al dormitorio del hijo a por los cartuchos.
Parece que simularon el robo. Se sabe por la abertura de los cajones y la capa de polvo en su interior, sin llevarse dinero del bolso de ella, ni tocar la caja fuerte. Está claro que se limpió el arma después de usarla, y que en la escalera había productos de limpieza (lejía) y puede que borraran huellas de la zona.
Los autos de prisión señalan que existe un seguro de vida que tiene de beneficiarios a la mujer y a los hijos, por importe de 30.000 euros, y que la familia debía 40.000 euros a un amigo de la víctima.
Lo que es importante es que no hay huellas de terceras personas. Es curioso que el hijo declaró que al salir a la calle vio un coche sospechoso con un hombre y una mujer. La guardia civil comprobó la matrícula que él apuntó y averiguaron que esa pareja no tenía nada que ver con el suceso.