La viuda y el hijo del fallecido, acusados de planear su muerte, siguen encerrados en prisión y mantienen que son inocentes.
DIARIO HOY (Bonifacio Cano/s. Lorenzo).
Hace un año, en el entierro de Alfonso Triguero en la iglesia de Logrosán, lloraban su viuda y su hijo mayor, consolados por su familia, amigos y convecinos. El pasado sábado, en la misma iglesia, se oficiaba una misa a las siete de la tarde por el alma del empresario de Logrosán. Su viuda y su hijo no estaban en el templo. Se encuentran en el centro penitenciario de Cáceres, en donde llevan siete meses y medio encarcelados, acusados de haber asesinado a su marido y padre, aunque ellos insisten en que no fueron los autores del disparo que terminó con la vida de Alfonso Triguero ni saben quién apretó el gatillo.
Mañana se cumple un año del suceso que ocurrió en la casa donde vivía Alfonso Triguero con su mujer Rosa Durán, su hijo José Carlos, de 28 años, y su hija de 20 años. Una casa de tres plantas en el centro de Logrosán, en el número 18 de la avenida Hernández Serrano.
Alrededor de las tres de la madrugada del 14 de febrero de 2011, lunes, alguien disparó al empresario cuando estaba en la cama. Lo hizo una sola vez con una escopeta repetidora de caza, propiedad del novio de su hija; un arma que llevaba en la casa unos dos días, ya que el hijo mayor la había pedido prestada para ir de caza el sábado a una montería. El asesino estaba muy cerca de su víctima, ya que el disparo fue a cañón tocante. La bala entró por el costado derecho, cerca de la axila, y le produjo la muerte cuando era trasladado en ambulancia a un centro hospitalario.
En la casa estaba la mujer del empresario, quien aseguró que se encontraba también acostada en la cama; y en una habitación de al lado dormía el hijo. La hija se encontraba en Badajoz, en donde estudiaba en la Universidad. El suceso llamó la atención porque las dos cerraduras de la puerta de entrada de la casa no estaban forzadas, por lo que las sospechas recayeron en la viuda y el hijo, quienes afirmaron que la puerta estaba abierta y que más gente tenía copias de las llaves de entrada. De la casa desapareció un sobre con 4.000 euros que se supone que era la recaudación del restaurante-asador que tiene la familia en las afueras de Logrosán.
Cuatro meses y medio duraron las conjeturas y especulaciones, hasta que a finales de junio fueron detenidos y llevados a prisión la viuda y el hijo, acusados de ser coautores de un asesinato. La jueza indicó que sus declaraciones eran contradictorias.
Los dos han declarado que se despertaron al escuchar el ruido del disparo, y se encontraron en el pasillo de la primera planta de la casa, en donde están sus dormitorios. Él afirmó que la madre le dijo que alguien había entrado en la casa y que cogiera la escopeta, que cargó sin darse cuenta de que acababa de ser usada. El hijo vio que no había nadie, pero sospechó de una pareja que ocupaba un coche rojo, que después se vio que no tenía que ver con el caso. Según la madre, ella volvió a la habitación para recriminar a su marido que no se hubiera levantando, y entonces vio que agonizaba.
Llamó mucho la atención que ella asegurase que cuando escuchó el disparo estaba durmiendo en la cama al lado del marido, pero al comprobarse que su pijama no tenía restos de pólvora y sí el lado de la cama en donde debía estar echada, dijera que dormía en el suelo porque tenía problemas de circulación y no lo comentó por vergüenza. El hijo no apoyó esta versión. Ella también afirmó que la habitación estaba a oscuras, pero luego se comprobó que un televisor de plasma grande que había cerca de la cama estaba encendido.
Madre e hijo dijeron que el asesino había encerrado al perro en el baño, pero se le oye ladrar en la grabación de la llamada al 112. Por otra parte, había restos de ADN de él en la culata y el gatillo, y de ella en el cartucho. Él tenía restos de pólvora en las manos y en el pijama, y ella en las zapatillas. El hijo ha señalado que su madre puede ser la autora, y ella afirma que no tiene conocimiento sobre el uso de las armas de fuego.
Por otra parte, la escopeta se había limpiado y también la escena del crimen. En las escaleras se encontraron productos de limpieza, que el hijo comentó que no estaban por la noche.
Un hecho muy destacado es que ella asegura que no discutía con su marido, y el hijo afirma que las discusiones eran frecuentes ya que la madre acusaba al marido de ir a casas de citas en los viajes que hacia con un amigo a México, República Dominicana y Madrid. También contó que su madre discutió bastante con su padre al encontrar en el móvil de él una foto de una amiga con el torso desnudo.
Ahora se cumple un año del crimen, pero la instrucción aún continúa. El Juzgado de Logrosán sigue investigando. Hace unos meses se hicieron pruebas en la casa sobre luminosidad, y también pruebas acústicas, sobre el ruido de uno o dos disparos. Por otra parte, se están estudiando los movimientos de las cuentas bancarias de esta familia, que por lo visto mantenía un nivel de vida muy alto.
Mientras tanto, los negocios de la familia no parecen ir bien. El supermercado y un matadero están cerrados, y el restaurante-asador ‘El Cortijo del Jamón’ ha sido alquilado al propietario del complejo rural ‘El Prado’ de Logrosán. Este era el negocio más querido por el fallecido, por el que recibió un premio.
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Posted on 13/02/2012 at 11:26 in ACTUALIDAD, SUCESOS | Feed RSS