LECTURAS DEL FIN DE SEMANA. Tomás Jiménez, “Lord Jim” y una tal “Píndaro”…o “Sexo, Droga y Rock and Roll” (PARTE I)

  Manuel Palacios   Tomás Jiménez es una persona, tan ligada a Logrosán que no puede pensarse, de ninguna manera, en la trayectoria de cualquiera de los que hemos convivido aquí, sin haber disfrutado de su existencia, sus “locas” ideas, y lo que a tantos, de unas cuantas generaciones, nos pueda haber influido.

    Tomás es un artista. Nació artista. Otros se hacen o  se fabrican. Buen actor de teatro. Compone. Su música suena muy bien, tiene talento dramático, para aburrir, de buen actor. Como dicen los franceses, un auténtico animal de escena. Siempre será artista.. He tenido mucha relación con él y lo  puedo atestiguar de mil formas diferentes. Creció, en nuestra tradicional España profunda, hasta entonces.

Para la inmensa mayoría de los españoles, un  páramo económico e intelectual, abriéndose, muy tímidamente, a los  influjos de corrientes nuevas, traídas del otro lado del charco, o del otro lado de Europa, por  los “Hijos de las Flores”.  Casi todos los movimientos sociales importantes, de esa época, en nuestro país, han sido tardía manifestación de ése inconformismo sociocultural, basado en el amor y la Humanidad, ligado a la expresión libre de odio y poder, que fue el movimiento “hippie”, como Ana, sin ir más lejos.
    Incombustible joven, como artista y como persona, Tomás ha pasado por mil etapas diferentes, en su larga trayectoria, como persona “clave”, relacionada con todos los estratos sociales, primero como camarero en la bonita cafetería “La Serenga”, junto con “El Círculo”, los dos bares de más rancio abolengo, y que han trascendido épocas y generaciones. Luego, como el primer osado empresario que abrió una discoteca, “boîte”, o “baile público de finales del siglo XX”, en el más privilegiado lugar de la Plaza Mayor de Logrosán: el piso existente, encima del bar de sus padres. Más tarde construyó, lideró, aderezó y mejoró, año tras año,  una nueva  sala:  “Píndaro”, otro concepto de discoteca y sala de fiestas, mucho más amplio y moderno, del que ya hablaremos….

    Tomás siempre disfrutó una personalidad seductora y  pronunciada, acompañada de un extraño carisma, muy especial. Ha sido capaz de conectar, a lo largo de su trayectoria,  con distintas generaciones de diferentes estratos sociales, sacar provecho, nadar, y guardar la ropa, al mismo tiempo. Capaz de provocar envidias mil….y seguir su camino, con determinación irrevocable, sin conceder a ninguno de los envidiosos o maledicentes, ni un miserable átomo de condescendencia, que hay mucho envidiosado y la vida es corta.

     Estudió algún año, para entregar su alma a Dios, en el seminario de Lucena. Pero, muy pronto, colgó,  definitivamente, con todo tipo de hábitos sacerdotales, no debía ser para él

     Esas enormes, profundas e interminables  madrugadas de verano, en las que, tantas y tantas veces, nos hemos echado unos cuantos,  en el centro de la carretera, allá, por la “cancha del estudiante”, mientras lo escuchábamos, cantando y acompañándose con una guitarra, mientras éramos, a la vez, espectadores privilegiados del cielo, más ubérrimamente tachonado de estrellas. Cantaba, desde éxitos como “Sappore di sale…”, a versiones de “The Beatles”, el grupo más relevante de pop mundial de toda la historia, y cuya trayectoria artística se adaptó, con total precisión, a su adolescencia y juventud temprana…Siempre se ha sentido, rendido admirador de la música pop inglesa.

    En algún capítulo anterior, se dijo, ya, que mi familia Palacios, en el “baile del Círculo”, había intentado, desesperadamente, prescindir del “Ciego”, del “Chato Gorreto”, y de “Balbino”, los músicos que siempre habían hecho mover los esqueletos a los “bailaores” de Logrosán. Por aquel, entonces, poner música enlatada, en un baile popular… para ahorrar el pagar músicos, era, poco menos que imposible. Cuando se empezaba a escuchar el disco, la gente dejaba de bailar y se sentaba….Ya podía sonar “Amapola” o cualquier tango de Gardel. Daba igual. La gente se sentaba hasta que se subían otra vez a la palestra, los músicos de siempre.

    Nunca conocí el baile del Círculo. Sí que había asistido, con muy corta edad, uno de mis primeros recuerdos, a alguna celebración de boda en el “Casino de Sociedad”, con orquestita, y baile. Pero, de eso, hacía ya mucho tiempo. Desde que Tomás, inauguró “Lord Jim”,  los menores, fuimos mirando entre respetuosos y entusiasmados, a esa Discoteca, y es que… ni “Lord Jim”, ni la posterior “Píndaro” pudieron llegar a ser conocidas, en Logrosán,  de otra forma que por “la Discoteca”. Un nombre algo difícil de pronunciar para la gente mayor. He oído referirse a la sala “prohibida”, como “adipoteca”, “dipoteca”, “iboteca”, hasta el término más socorrido: “Hipoteca”. “¿¿Ya vais a la “Hipoteca”…??”, “¡¡sí, agüela…, ya vamos a la “Hipoteca”…!!”.

    A “Lord Jim”, mira que era bonito el nombre, durante  los primeros tiempos solamente podían entrar los mayores de dieciocho,  aunque, en épocas posteriores, se llegó a admitir a chicos desde los tiernos quince o dieciséis… Muchos escuchábamos en casa, a los padres y abuelillos, comentarios,  no muy tiernos, en relación con “Lord Jim”, acompañados, siempre, de diversas recomendaciones; aquello, que cambiaba la inmensa cantidad de luces de colores y “flash”, muy de cuando en cuando, por una oscuridad, siempre relativa, teniendo en cuenta que “aquello” estaba en un primer piso, y en la que, con cierta frecuencia, se cambiaba de música “movida”, “blame it on bogggie”, “shake your booty”, “el candil”, etc… con música lentorra, Sandro Giaccobe, Jimmy Fontana, “killing me softly with his songs”, “je t´aime, moi non plus”,….solamente podía ser un antro de perversión. Afortunadamente, para mi salud mental, yo no pertenecía al sexo femenino, esa “especie, humana, y bien humana”, y, a pesar de  “humana”…, la más reprimida de la creación, solamente, porque son ellas las encargadas de  traer, al mundo, nuevas generaciones, en términos ganaderos: “el renuevo”.

     A los reprimidos, que había muchos, muchísimos, sin miedo a decir “casi todos”….pues….cualquier sitio,  en el que, ellos,  nunca se atreverían a pisar, casi con toda seguridad, debía ser un antro de perversión. Traduzco: “un antro demasiado permisivo, que comenzaba a escapar a la censura tradicional obligada de la tardía posguerra, como encarnación de liberales, demagógicas o populistas, ideas masónicas, cuando no, simplemente, sionistas, o republicanas, sin cuño confesable, pero de fina estampa, mezcladas con  corrientes neolibertinas  (Libertín Osborne), siempre sancionadas, como ya se ha dicho, por las novísimas ideas, liberadoras de la Humanidad, de la corriente “hippie”, provinientes del Norte de Europa, y del otro lado del Atlántico, entendiéndose “liberación humana”, como liberación sexual, y promiscua,   de la mujer, de todas las mujeres, …pecaminoso, poco ejemplar, poco edificante, todo esto, para mayor alborozo, gozo y rebozo de nosotros, los “hombres de sexo masculino”, que siempre andamos buscando dónde meter…. lo que todos sabemos hacer, y tanto nos place …..

     Continúa, evidentemente, como siempre, y desde la noche de los tiempos, la lucha entre los partidarios de reprimir todo lo que se mueve, y la juventud, en esencia, libre y osada, usando, como motivo de discusión, cuando no, vulgar prohibición, uno de los grandes  “leitmotivs” de la especie humana: “el sexo”…  El sexo, claro, hay que tenerlo bajo control, pero ese control, me parece que debe ser personal, eficaz, y nunca impuesto, proviniente de una educación ética o moral, y no manipulativa (complicado, pero no imposible).                                           

     En aquel tiempo, muchos andábamos reprimidos, formalmente, al objeto de conservar España, como lo que se dio en llamar, siguiendo las palabras de un dictador, cuyo nombre no me apetece escribir, la “reserva espiritual de Europa”….Pero no bajo el control de todas y cada una de las mujeres, u hombres, que lo practican, con alegría, desenfreno, vitalidad y regocijo inmenso, sino bajo el control de una moral pública, sabiamente adoctrinada por feroces guardianes de esa moral, llamáranse padres, madres, sacerdotes, profesores, maestros, educadores, jefes, gurús, jerarcas….Afortunadamente, la jodienda, no tiene enmienda, y la Historia nos llega a describir esos….ojos, de unos hombres, absolutamente  salidos de “apetito” que, literalmente, desnudan a una pobre mujer, por la calle, e incluso..”son capaces de tocarla” usando, solamente, la mirada. Reíos de la telekinesis…en los 50, 60 y 70, España fue la cuna de esa innovadora técnica mental.

      Se empezaba a hablar ya, de “disc jockeys”, las personas que pinchan discos, y enlazan, artísticamente, unos, con otros temas. Ahora, me han dicho, que en las macrodiscotecas de lujo, los grandes D.J. llegan a cobrar hasta cien mil euros por “pinchar” tres horas. Parece que vamos muy bien, cuando un DJ gana más que un buen médico. En Logrosán, aparte de Tomás, como es natural, conocimos a Orellana, que se las sabía todas, y comentaba, con cierto hartazgo, que estaba hasta, ni se sabe donde, de esa gente que, de repente, “descubría un grupo”, por ejemplo: “Cream”, música muy oída, de hacía años, y le pedía que pinchara unos cuantos temas, cuando a él, lo que le iba era desmelenarse y poner  música del momento.

Anuncios