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03/10/2014

LECTURAS DEL FIN DE SEMANA. La Mina: un bosque de misterios.


bosque de la mina bnLa Mina era un mundo misterioso para los que ahora rozamos los cincuenta. Al misterio colaboraban la verja y la densa vegetación que impedía ver con claridad el bosque subtropical de helechos gigantes, palmerales y flores del paraíso, adorno de  jardines  y construcciones de estilo colonial que guardaban la esencia del pasado minero y misterioso del Logrosán próspero de principios del siglo 20.

Todos recordareis la prohibición terminante de saltar aquella pared bajo pena, no solo de sanción por la autoridad, sino lo que era mucho peor, de hundirse para siempre en un abismo de cientos de metros ya que la mina estaba plagada de traidores socavones y hueca por debajo, como todo el pueblo, pues las galerías, aseguraban los mayores, llegaron en busca del mineral a casi todos los rincones del término.

Por eso, durante toda nuestra niñez y juventud hubimos de reprimirnos de explorar aquella maravilla y conformarnos con apenas mirarla con infinita curiosidad encaramados a la hermosa celosía que, ya por si sola era una especie de preludio de los tesoros que guardaba.

Y así sentíamos una mezcla de compasión y envidia por los muchachos más traviesos que desafiando lo prohibido saltaban y se adentraban en el misterio perdiéndose entre la maleza de modo que parecía propiamente que era la última vez que los veíamos.

Cuando los de aquí paseamos hoy tranquilamente por la carretera cercana, no podemos detener el reflujo y el recuerdo de nuestra imaginación alimentada por las historias de nuestros padres y de las gentes de edad que nos hablaban de ingenieros y  muchedumbres trabajadoras, de prosperidad y de un Logrosán de más de nueve mil habitantes entre los que se contaban sastres, zapateros, músicos, esportoneros, cesteros, carreros.

Un lugar emblemático de Logrosán, sin duda. Por eso, aún siendo consciente de que el tiempo arrambla con todo y comprendiendo que el progreso es necesario y hasta imprescindible, sin embargo, no le falta razón a José Gabriel al afirmar que cuando las máquinas barran aquel recinto, una parte importante de nuestros recuerdos y de nuestra fantasía se borrará para siempre.

José Muñoz González.

Enero de 2007.

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