EL TINTERO DE MARÍA. Mis maestros y profesores (I parte)

Queridos paisanos, después del descanso estival, vuelvo a dirigirme a vosotros, con el mismo fin de siempre: Compartir recuerdos. Momentos pasados en nuestro querido pueblo: Logrosán. Inolvidables para todos ,teniendo en cuenta “que la verdadera Patria de un ser humano es su niñez. “

Nací en el año 1959, entonces las escolarización de los niños , empezaba a los seis años, no había educación infantil o párvulos (me encanta esta palabra). De la época anterior a dicha escolarización oficial recuerdo con especial cariño a la maestra Dolores: “la escuela de los cagones” y a Isabel Frochoso.
La primera en la calle del Altozanillo , a ella acudía mi hermano Manolo, la pobre mujer no podía moverse y tenía una caña larga con la que daba al que se movía. En una ocasión fue a dar a mi hermano y éste agarró el artilugio con la mano y ella se enfandó. Un día se encontró con mi abuela María del Consuelo, y la comentó la hazaña de mi hermano, mi abuela la contestó: ¡ Dolores si no te la coge le das ¡, mi hermano fue siempre el mejor alumno y un niño buenísimo, pero más movido que un tío vivo.
La segunda, la maestra Frochoso daba clase frente al cine Capitol, en la entrada del gallinero, a esta clase fui yo, en una especie de desván…cada niño llevaba o bien su corcho o su sillita pequeña para sentarse, en mi caso era una sillita, en el de mi prima Flori Cabanillas, un corcho, tengo en mi cabeza imágenes preciosas de esos momentos el principal ver a mi prima con su dedito en la boca y con la mano tocándose el pelo, dormidita, con ese pelo tan rubio y esa carita tan dulce, parecía un angelito y otra menos importante, pero muy graciosa…el loro que tenían en el balcón…cada vez que pasabas por allí te decía: guapaaaaaaa.

Las escuelas nuevas

Siento no poder confirmar, si tenían ambas la titulación adecuada, pero que hicieron una labor extraordinaria con nosotros, eso que no quepa la menor duda. Gracias a ambas.
Las Escuelas Nacionales fue donde yo empecé mi escolarización.
En esa época había tantos niños que se tenían aulas habilitadas en distintos lugares, al lado de la ermita, en los caños y en las Escuelas parroquiales.
Aunque era un solo edificio, había dos entradas, una para chicos y otra para chicas, no era una escuela mixta por entonces, incluso teníamos patios diferentes.
Recuerdo los árboles de morera con sus “ morécanos” ¡qué ricos estaban!, los que caían al suelo y eran pisados teñían el suelo de un color morado, como el manto de un nazareno.
En primero tuve como profesora a Dña. Ángeles, la esposa de Pepín, el del comercio.
Tengo grandes recuerdos de ella, al entrar íbamos pasando de una en una y nos revisaba las manos y las uñas, como estuvieran sucias, no dudaba en mandarte para casa.
El mes de Mayo, mes de las flores y de María se hacía todas las tardes una ofrenda a la Virgen y cantábamos la consabida canción.
El segundo y tercer curso no lo realicé en Logrosán, lo hice en un pueblo de Zamora ( Benavente), por cuestiones de trabajo de mi padre, allí también tomé mi primera comunión.
En el cuarto curso, ya en Logrosán , tuve como maestra a Dña. Consuelo Loro, ya no teníamos enciclopedias , teníamos un libro de geografía e historia: Unidades Didácticas, otro de lengua y literatura y el de matemáticas.
Tengo su imagen clavada, cómo daba sus clases, los dictados de primera hora de la mañana, el cálculo mental, redacciones, para ella la ortografía, esencial.
De corrido aprendíamos los distintos países del mundo y sus respectivas capitales, de corrido… en plan cantarín: España capital Madrid, Portugal capital Lisboa, Francia capital París, Italia capital Roma….etc…igualmente la lista de los Reyes Godos: Ataúlfo, Sigérico, Walia, Teodorico I, Turismundo, Teodorico II……………..Recaredo….etc.
La tarde de los viernes rezábamos con ella el rosario.
Nos sentábamos en los célebres pupitres para dos, con sendos tinteros y su ranura para el lapicero, en mi época ya se usaban los bolígrafos.

Me viene a la cabeza, la Sra. Teresa, limpiaba la escuela y preparaba los braseros de los maestros, alguna alumna llevaba una latita con brasas , poco duraba ese calor, de todas formas yo no recuerdo haber pasado especialmente frío.

Cada día tocaba a dos alumnas ir a recoger el brasero, un día que me tocó a mí y otra compañera, se levantó mucho viento, la ceniza volaba, yo, ante el temor de quemarme solté el asa, la pobre compañera se quedo sola sujetando la otra, no sé cómo no se abrasó , jamás he faltado el respeto a ningún maestro o profesor, pero ese día me dirigí a Dña. Consuelo y la dije que yo no volvía a ir a por el brasero, nunca me obligó.

La Sra. Teresa solícita como era ella, la preparó otro.

¿ Y la leche en polvo?, jamás tomé cosa más asquerosa, mi madre me daba un vaso o una lecherita pequeña, yo, como hija obediente trataba de tomarla ( un líquido con grumos), vomitaba de inmediato.

Los americanos que eran “ muy buenos” y nos veían bajitos y desnutridos nos mandaban leche y mantequilla…pues mira yo la vomitaba y crecí sana y fuerte… y con una altura considerable para la época.

El día de San José de Calasanz se celebraba el día del maestro, era día no lectivo. El día anterior nos reuníamos todas las compañeras, juntábamos “unas perrinas” e íbamos a comprar el regalo de la maestra, recuerdo, especialmente un juego de tazas de cristal de color rosado que compramos en un bazar que había en la plaza, para Dña. Consuelo. A la mañana siguiente se la entregaba en su casa, ella agradecida nos daba un beso a cada una y como agradecimiento una bolsa de caramelos con algún bombón…

Un recuerdo especial a D. Manuel Montes, director de las escuelas en toda esa época, a mí allí nunca me dio clase, pero sí particulares en su casa, al igual que D. Tomás Cano.

Me viene a la memoria las tardes, que todos en fila, salíamos de campo a comer “ la merendilla”, generalmente al Palomar, jugábamos y todos juntos comíamos el bocadillo, la onza de chocolate…que tardes más bonitas.

Gracias a mis maestras, Dña. Ángeles y Dña. Consuelo… siempre en mi corazón y en mi memoria.

Con respecto a mi paso por la escuela quiero resaltar que fue algo muy hermoso para mí, pero ya entonces conocí a maestros que dejaban mucho que desear en cuanto a sus métodos didácticos y pedagógicos, no serán mencionados porque lo que pretendo es honrar la figura del MAESTRO en mayúsculas, aunque algunos hicieron bastante daño.

A los diez años empecé en lo que ahora es I.ES. Mario Roso de Luna, entonces un Colegio Libre y Adoptado, dependiente creo, del Brocense de Cáceres, fueron unos dos años, luego pasó a ser un Instituto independiente y oficial al que venían a estudiar chicos y chicas de los pueblos aledaños. Ya era mixta la enseñanza.

Antes de hablar de mis profesores, quiero hacer especial mención al Sr. Gregorio, conserje del instituto, un ser humano extraordinario, cordial, amable y muy educado.

Subiendo la escalera de la entrada, a mano derecha de la puerta, había un pequeño parterre cuajadito de rosas, no es la flor que más me gusta, pero mi idea era pillar al Sr. Gregorio desprevenido y arrancar una, el adivinaba mi intención y no me perdía de vista, pero algún día al salir de clase , y ante mi asombro, me alargaba la mano y me daba una bolsita, dentro estaba la rosa deseada, la rosa de mis sueños. En mi corazón las guardo como un tesoro, nunca lo olvidaré. Muchas gracias…y mi reconocimiento a su labor.

El Director del Instituto era D. Emilio Peña, profesor de ciencias: Matemáticas, Física- Química y Ciencias Naturales. D. Emilio era especial, excelente profesor, gran persona y destaco en él , que nunca hiciera distinción entre unos u otros, todos iguales.

Sus pantalones grises, sus camisas blancas o blanco roto, tirantes, pelo blanco, su cigarrillo sin boquilla siempre pegado a la comisura de sus labios, todas sus camisas estaban llenas de pequeñas quemaduras, cual lunares, de la pavesa que se le caía.

En sus clases siempre hubo disciplina, pero jamás le oí proferir una amenaza, un insulto o dar un cachete o colleja a un alumno.

Sé que me tenía mucho cariño, fue amigo de mi abuelo Vicente Calzada, al igual que a mi primo Vicente, pero en clase…alumnos. De todas formas, tenía que llamarme la tención muchas veces porque era una parlanchina, cuando acudían mis padres a hablar con él siempre les decía lo mismo: es que la pongo al lado de la pared, y hasta con ella habla.

Jamás lo olvidaré D. Emilio, ni como profesor, ni como persona. Muchas gracias.
(continuará…)

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