86 aniversario de la muerte de Roso de Luna

Mario Roso de Luna nació en Logrosán el 15 de marzo de 1872 y murió en Madrid el 8 de noviembre de 1931 con 59 años. Fue un abogado, teósofo, astrónomo aficionado, periodista, escritor y masón español. 

FERNANDO GARCÍA MORALES. La verdad es que en Extremadura tenemos un desconocimiento enciclopédico —como solía decir un profesor mío de bachillerato— de nuestra gente de valía. No se trata ya de conocer nuestros valores más remotos como podrían ser Viriato, o los propios conquistadores de América, sino algo de lo que hicieron nuestras gentes más inmediatas que, por su valía, trascendieron lo local y lo regional y alcanzaron un puesto internacional reconocido por el mundo entero.

A veces, estos silencios han venido impuestos por las circunstancias, pero así y todo, pienso yo que es obligación nuestra saber algo de nuestros valores de rara inteligencia.

Uno de estos casos inmediatos ha sido el de Mario Roso de Luna, del que se cumplió en 1982 el cincuentenario de su muerte, y del que —si acaso— sabemos que se le llamó “El sabio de Logrosán”, pues había nacido en dicho pueblo cacereño, y poco más. Algo comienza a saberse de su obra literaria o histórica, o bien, de que al final de su vida fue teósofo y fundó la revista Hesperia y viajó por América donde se le tenía por un “superclase”. Se desconoce totalmente su labor en muchísimos campos del saber, en algún caso relacionado con la historia de su propio pueblo, y de su lucha por las minas de fosfato de Logrosán que se explotaron algún tiempo, gracias a sus informes y gestiones.

Quizás un aspecto que desconocen sus paisanos es su labor en la Astronomía, que fue tan universal que hasta hay, por esos cielos de Dios, un cometa que lleva su nombre: el cometa “Roso de Luna”.

Pues bien, el mencionado cometa fue descubierto por él en la constelación del “Cochero”, a las tres de la mañana del día 5 de julio de 1893, cuando el doctor Roso de Luna se encontraba en la explanada y carretera de Las Angustias, muy cerca de su pueblo, e iba a una inspección ocular del río Ruecas. Ello quiere decir que lo descubrió sin valerse del telescopio, por una simple operación directa, sin instrumentos, lo que ya indica sus enormes conocimientos en astronomía. Dio entonces cuenta del descubrimiento al Observatorio Astronómico de Madrid, que lo comunicó a París y al resto del mundo, publicando la revista alemana de más prestigio de entonces dicho logro, dándole prioridad sobre trabajos publicados en el mismo sentido por el astrónomo Rordamé, de Norteamérica, y Quenisset, de Francia, que lo descubrieron y denunciaron también los días 8 y 9 de julio, o sea, cuatro o cinco días después de que lo denunciara nuestro paisano, razón por la que lleva su nombre. En aquellos momentos este cometa se encontraba más allá del planeta Júpiter y a más de mil millones de kilómetros del Sol. Recorrió la constelación del “Cochero”, “Osa Mayor” y “Lince”, perdiéndose entre el enjambre de estrellas de la llamada “Cabellera de Berenice”, el 10 de noviembre de 1893.

Según se dijo en ese informe, dicho cometa no volvería jamás a verse desde la Tierra, por describir una órbita hiperbólica.

Valga ello para que sus paisanos conozcamos algo de este sabio de Logrosán.

Diario HOY, 28 de febrero de 1984

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