EL TINTERO DE MARÍA. La Navidad

Reconozco que estas fiestas, hoy día, no son lo que yo viví de pequeña. Ahora impera el gasto superfluo, todo gira alrededor de lo material, gastar y gastar…cuanto más, mejor.

En los años setenta, los emigrantes, cómo era el caso de mi padre, volvían a casa en esas fechas, y las mías eran Navidad de chocolate. Mi padre traía la maleta llena de regalos, pero sobre todo de chocolates riquísimos que en España no se conocían, como anécdota contaré que mi padre echaba la llave a la maleta y mi madre nos iba racionando tan ricos manjares. Yo, me hice una experta “asalta maletas”. Hacía palanca por un lado, metía la mano y lo que pillaba, porque ver no veía lo que había dentro….sólo al tacto imaginaba, de ahí la célebre frase de mi padre cuando venía: ¿llegarán a Navidad, verdad hija?… él sabía que no.

Mi madre siempre hacía platos especiales, el buen embutido ibérico nunca faltaba. Se hacían buenas matanzas, recuerdo especialmente las gambas y los calamares rebozados (cómo los de mi madre: ninguno), y los dulces: turrones, mazapanes, etc.

El día de Navidad, mi abuelo mataba o un cabrito o un corderito. Si fuera hoy, no lo hubiera comido, a algunos les había dado yo el biberón.

La chiquillería iba de casa en casa con sus zambombas y panderetas cantando villancicos, unos nos daban dulces, otros alguna “perrina” que después repartíamos. Era muy especial, sobre todo ver a los ancianos que vivían solos y nos miraban con un inmenso cariño y nos jaleaban para repetir, había algunos pesaditos. Viéndolo con la perspectiva del tiempo, reconozco que era lo mejor de esos días, dejar un poco de tu amor , donde en ese momento faltaba.

Ya en Madrid, donde vivían mi madre y sus tres hermanas, cada año se repartía la celebración en dos casas. Era todo maravilloso, tíos y sobrinos juntos en amor y armonía.

Hacíamos concursos entre primos, mi prima Merche y yo hacíamos de las Grecas, nunca ganábamos, (y lo hacíamos bastante bien, no es por nada). Hacían más gracia los pequeños…eso sí, mi primo Adolfo el de mi tía Pepi, hacía unas imitaciones de Miguel Bose inmejorables, y encima mucho más guapo. Nuestros padres, sobre todo mi tía Angelita que cantaba muy bien y mi tío Jose y Rafa, iniciaban unas guerra cantando , al estilo de Juanito Valderrama y Dolores Abril….y las rancheras no faltaban, ¡¡bueno era mi tío Rafa!!…

Después de Navidad, mi prima Merche y yo, nos íbamos a Logrosán a pasar la Nochevieja con los abuelos. Los ayudábamos en la matanza y se veían acompañados esos días. Nuestras madres nos hacían un paquete grande para que lo disfrutáramos con los abuelos y no hacerlos gastar a ellos mucho.

Cena de Nochevieja: Huevos fritos y salchichas rojas (huevos de las gallinas de los abuelos, y salchichas que habíamos llevado nosotras). Los cuatro sentados en torno a una mesa, mi abuelo repartiendo….con que amor lo mirábamos mi prima y yo…uhmmmmm que rico estaba todo, pero sobre todo : “QUÉ FELICIDAD SE RESPIRABA EN ESA MESA”.

Al terminar, mi prima y yo recogíamos la mesa y una vez limpia, el abuelo se levantaba, se dirigía a la cómoda y sacaba los dulces : un trozo de turrón para cada uno, del duro y del blando por supuesto, el mazapán, el polvorón, las almendras blancas, los piñones y las garrapiñas, todo como un ritual. Hasta que no recogía y se sentaba la abuela ,nosotras quietas, el abuelo decía adelante, y nada a disfrutar de tan ricos manjares que sus tiernas y dulces manos habían repartido.

Un año se levantó y cogió tres copas, una para él, otra para mi prima y para mí…(la abuela nada…jajaja)… y la botella de anís. Las dos nos mirábamos atónitas, se sirvió él un poco en su copa y en la nuestra echó unas gotas de anís y rellenó con agua: “una palomita vamos”, ¡¡Dios mio que rico estaba!!, él nos miraba con un amor que es imposible olvidar, esta cena,y a ÉL.

El mantel era el de todos los días, los platos, los vasos, los cubiertos. Ni vino, ni champám, ni gambas, ni langostinos: “HUEVOS FRITOS CON SALCHICHAS ROJAS”. La Nochevieja más hermosa que he vivido en mi vida.

Ese año, vino mi prima Chelo, con el que era entonces su novio Emilio, a tomar las uvas con nosotros, cosa que el abuelo no hacia nunca, no esperaba, se las comía antes y se acostaba…las tomamos juntos y con la excusa que mi prima era la mayor mi abuelo nos dejaba salir con ellos a dar una vuelta. Poco sabía él que en cuanto salíamos, cada uno se iba por su lado…pero las formas eran las formas.

Mi abuelo era el primero en levantarse, arrimaba el pucherito a la lumbre y hacía café con leche para todos, a nosotras nos lo llevaba a la cama, levantaba la cabeza de mi prima, luego la mía, y lo bebíamos sin enterarnos, y nos decía: “ahí quietecitas hijas mías, que ha caído una helada y hace un frío, que está hecha carámbanos “ la regaera” “

Qué gran abuelo fuiste, imposible olvidarte.

Sólo el día de la matanza nos levantaba pronto, ya hecho el café y “las pringás”, freía un poco de choricito antes de embutirlo para ver si estaba “bien guisao”, le salía perfecto, a la primera, cómo a mi abuela con las morcillas: ÚNICAS.

Hay una anécdota de mi abuela conmigo en estos días. Yo siempre fui de mal comer, mi prima comía mejor, y mi abuela se empeñaba en darme un vaso de leche todas las tardes antes de salir…,estaba muy flaca, decía ella. Ella: bébete la leche

Yo: que no quiero abuela, que no me gusta.

Así una y otra vez, y en un trae y un va: vaso al suelo, roto, leche desperdiciada. Yo en la vida había visto la cara que puso mi abuela, veo que se baja, se quita la zapatilla, eché a correr, y en el momento adecuado, lo que es la supervivencia, me bajé…¿ dónde dio la zapatilla, que atravesó todo el zaguán? : en el cristal de una puerta. Mi abuelo que ve la movida grita a mi abuela: ¿Maríaaaaaaa pero qué haces? Y acto seguido me hizo un gesto para que saliera corriendo, menos mal que no se rompió el cristal, porque yo creo que esa noche duermo a la intemperie, helando y con carámbanos en la “regaera”. Se la pasó… era tan buena… pero lo de la rotura del vaso me lo recordó toda su vida….

Hoy día, ya no es igual, al menos para mí, la ilusión se fue perdiendo según crecían los hijos. Sólo queda de ella un atisbo, al ver a mis sobrinos pequeños disfrutar.

Aún así, se sigue celebrando con la ilusión de que no sea el último. Que estemos todos juntos, simplemente por eso merece la pena.

En estas fiestas recordamos especialmente, a los que ya no están con nosotros y cuya marcha sufrimos. El día de Nochebuena, para mi madre no es una noche cualquiera, es el día en el que nació su madre, mi abuela. Llora su ausencia y la reza…y aún así, es la que más aguanta y la que más feliz se encuentra teniendo a los suyos junto a ella, mi padre nos abandona antes, ella levantada hasta que se va el último esté como esté.

QUERIDOS PAISANOS Y AMIGOS: FELICES FIESTAS A TODOS.

SALUD, TRABAJO, AMOR, PAZ Y ALEGRÍA, PARA TODOS.

M.C

Madrid 20 de diciembre del 2017.

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