EL TINTERO DE MARÍA. Para mi madre

Un día como hoy, ocho de diciembre, se celebraba antiguamente el día de la Madre. A través de la mía, quiero hacer un

 homenaje a todas esas mujeres que nos dieron la vida.Querida Madre, juntas llevamos cincuenta y ocho años. Querría decirte tantas cosas, que no sé si existirán las palabras suficientes. La palabra MADRE, está ligada al AMOR como ninguna otra. Me tuviste en tu vientre nueve meses, en los que tus manos acariciaban ese seno, donde yo reconocía tus caricias y tu dulce voz.
Hoy sigo siendo tu niña, tu Mari, tu hija. Son muchas las cosas que hemos vivido juntas. Mi vida está llena de recuerdos, a veces muy dolorosos, nunca gozaste de buena salud, pero sobre todo de momentos de infinito amor. Siempre relaciono mi vida con los olores, y tu olías y hueles a Heno de Pravia… el aroma de nuestro hogar.
Lo que soy hoy, te lo debo a ti. Fuiste una mujer muy tajante en cuanto a mi formación como mujer, como ser humano, transmitiéndome unos valores que son el esqueleto de mi personalidad, valores que igual te enseñaron a ti y yo he trasladado a mis hijos.
Has hecho de mí una mujer fuerte, me enseñaste a superar la adversidad, a enfrentarme a ella, a no darme nunca por vencida y sobre todo a respetar a los demás y a ser tolerante con su forma de pensar o de actuar en la vida. Hoy, que las cosas han cambiado tanto, hay aspectos en los cuales he sido yo la que te ha enseñado o facilitado la comprensión hacia cosas que para ti eran difíciles de asimilar.
Pero hay algo que para mí ha sido muy importante, es el de hacerme “LIBRE” a través de la formación.
Ni fui, ni soy una hija caprichosa, pero tuve todo lo que pedí, TODO. Lo mío eran ansias por aprender, por estudiar, sobre todo por ser MAESTRA. Con tres hijos, era muy difícil mandarme a estudiar a Cáceres. Yo no dejaba de llorar. A los dos días me dijiste: haz la maleta que te vas a Madrid, a Leganés concretamente (donde mis padres tenían y tienen su piso). Te empadronas y te matriculas en el Instituto para hacer COU Eso fue un doce de octubre de mil novecientos setenta y seis, estuve un curso entero viviendo con mi tía Inés (hermana de mi madre) y su familia, mi tío y mis primos. Tía nunca te olvidaré, fuiste para mí como una madre. No sabes lo que te echo de menos, ¡te quise tanto y tú a mí!

En Logrosán se quedó mi familia. En mi ausencia, mi silla jamás fue ocupada. Cada comida, cada cena, era un funeral: faltaba yo…” Pero era por mi bien”.
Al curso siguiente ya os vinisteis conmigo, a nuestro piso, y empecé la Universidad. Todo lo que quise estudiar lo hice, sin un pero…bueno, sólo tenía que aprobar a la primera, en mi casa no se repetía. Por estudiar y aprender, que no quedase. Mami: “¡quiero aprender mecanografía!” … a mecanografía. “¡Mami: quiero aprender corte y confección!” … adelante y así toda mi juventud.

(Cómo anécdota cuento que era tal la obsesión que tenía por ser maestra, que sentaba en las sillas a los muñecos, que me hacía mi madre de trapo, y con un pequeño encerado que también me compró ella, me tiraba todo el día dando clase. No sé de dónde sacó mi progenitora una muñeca cuando yo ya era una muchachita :¡UNA MAESTRA ¡ , con su traje, su bolso, sus gafitas, aún la conservo. Como no he tenido hijas… esperaré a ver si tengo una nieta. También atesoro a un peloncete pequeño, guardado con el mismo fin.)

Has sido la mejor hija, hermana, esposa, y ni por encargo hubiese tenido mejor madre.. y hoy mejor abuela.

Nos has dado tanto amor a mis hermanos y a mí , te has preocupado y ocupado tanto de nosotros, que hoy día, no creo que haya madre más querida, más mimada y más respetada que tú.

Hoy no te llamo mami, te llamo MADRE, pero eres mucho más, eres la amiga, ahora sí, en la que confiar mis miedos, mis inquietudes, mis tristezas y mis alegrías. Hay una frase que me repites todos los días: SÉ FELIZ, VIVE.

Un día de nuestras vidas, muy difícil, sobre todo para ti, me prometí a mí misma que no pasaría un momento a tu lado en el que no te llenara de besos, y así lo hago. Te llevo a la cama, te ayudo a acostarte, te arropo, te abrazo, te besuqueo hasta cansar…y de qué forma te apretaré, que me dices con ese salero extremeño que nuestra tierra te dio: Hija, por Dios, que me asfixias.

Igualmente, hay un día al año, que recibes un ramo de rosas blancas. Tú y yo sabemos por qué. Ese día te levantas antes de lo habitual, las esperas, guardas todas las tarjetas que te han ido llegando con ellas, las lees y relees un millón de veces, después me llamas siempre llorando.

Ya tienes ochenta y tres años. Te veo cada vez más cansada, más pachuchina, pero ya sabes que nunca podrás irte hasta que yo, no te dé el permiso, y no pienso dártelo.

Te canto, te bailo, te hago sonreír y te sigo escuchando cada día las mismas cosas y aunque tú recibes siempre mi ánimo… yo… me quedo rota.

Tus ojos son la luz de mi vida, tu dolor mi sufrimiento, mi enfermedad. Me acurruco a ti, y oigo el latido de tu corazón cansado, tú acaricias mi cara y mi pelo y yo quisiera volver al seno de donde salí.

MUJER VALIENTE, quiero sentirte a mi lado, ver florecer las mimosas y la flor de jara, JUNTAS…y oírte decir como siempre: ¡ Cuánto te quiero hija mía!

No te lo digo, pero tengo un miedo horrible, un miedo que me atenaza: PERDERTE.

TE AMO MUJER HERMOSA, GENEROSA, ALEGRE, CARIÑOSA….TE AMO, AMOR DE MIS AMORES.

POR Y PARA SIEMPRE MADRE.

TU HIJA.

M.C

Madrid 8 de diciembre del 2017.

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