CRÓNICAS: Lecturas del fin de semana.

LAS ESCUELAS NUEVAS (continuación) Y MÁS JUEGOS INFANTILES (primera parte).

Manuel Palacio Loro

plaza60Durante el período escolar, las cosas más interesantes para los niños, seguramente, son las que suceden fuera de la escuela. Hay que decir que el edificio en el que asistíamos a las clases, a pesar de llevar “nuevas” como apellido, estaba un poco deteriorado. Alrededor de él y en los patios principales, a los que se bajaba por unas señoriales escaleras con balaustrada de cuento de hadas continuada a cuatro o cinco metros de la fachada sur del edificio formando a todo lo largo el gran balcón desde el que se divisaba el patio entero, ya citado, entre dos a tres metros por debajo con sus moreras desde las que he visto caerse a algún arriesgado escalador de troncos, como pavimento se podía encontrar la tierra tal cual,pura y dura, con la calidad de firme que le confiriese la meteorología de andar por casa.

Siempre me ha encantado el repiqueteo de las gotas sobre tejados y vidrios: “Una tarde parda y fría de invierno, los colegiales estudian, monotonía de la lluvia en los cristales”, eternas gracias a Antonio Machado, uno de los poetas que más me mueven. En las aulas…genial, pero eso también quería decir barro en los patios: recreo guarrete.

En ese gran patio hemos jugado a robaterrenos con clavos y cuchillos mil veces, incluso los domingos, y a las “islas”, Por la parte de atrás daba a un olivar, buen parque de juegos en el recreo, y al lado, detrás de una tapia, derrumbada a tramos, otro olivar colindante que también funcionaba como wc., en plena naturaleza con el gran espectáculo de fondo de la hermosa Villuerca. Creo que en la escuela había unos servicios cerca de nuestra aula, pero, que yo sepa, pocos los utilizaban, a mí me daban …no sé qué, y, simplemente, muchos no estábamos acostumbrados a ellos, en las casas del centro del pueblo había water, claro, pero la Fuente Arriba era el extrarradio.

En los recreos, las niñas y los niños nos separábamos, de la misma forma que nos separaban en las aulas, ellas jugaban a la goma, al corro de la patata, a la comba, a las adivinanzas, al “veo veo, que ves, una cosita, con qué letrita???…letrita, letrita “d”….respuesta, respuesta…: ¿¿¿“división de sexos ”???: ¡Premio!!!, a las prendas, al escondite… Cuando había que seleccionar para hacer equipos en un grupo, el o la seleccionadora cantaba y señalaba al corro cambiando de personita a cada sílaba fuerte de la conocida…muy conocida letra :

“Una chota, verdad, qué tonta, ¿verdad que sí?,

¡Sí! (todos contestábamos a la vez),

la mandé a por tabaco, y me trajo perejil, ¿no es verdad que sí?,

¡Si! (otra vez todos a la vez).

Rosa con rosa, clavel con clavel, dime niño tú ¿a quién nojas?

Muy hábilmente, sobre todo si eran mayores, seleccionaban a los mejores saltándose a los que no les interesaban, no entendí que pensaran que nadie se daba cuenta, al fin y al cabo daba igual si ganabas o perdías, lo importante era participar. Las niñas también jugaban al truco, nunca me llamó la atención, y los niños al sempiterno fútbol, a la guerra, al rescate, al banderín, a pídola, al burro, a policías y ladrones o al clavo, ya citado, a las seis esquinas y media de nuestra plaza de La Fuente, o con camioncitos de plástico. Esos eran nuevos.

guerraUna vez, el que terminaría siendo llamado Willie, mi primo Juanito, gran compañero de toda la infancia y amigo de penas y alegrías muy querido por mí, juntó lo que nos habían dado a los dos en carnavales. Íbamos disfrazados, peregrinando por las casas de la familia para que nos vieran, nos dieran un beso y un duro… o cinco. Era mayor que yo, siempre me trató como si fuera su hermano, es que en realidad lo es, contra viento y marea y a pesar de todo; nunca ha abusado de su edad conmigo, y la verdad es que nos llevábamos francamente bien. Juntó lo que le habían dado a él con lo que me habían dado a mí. Me lo pidió por favor, y yo se lo dí de buena voluntad mientras pensaba para mis adentros “oh, dinero ganado honradamente, ya te vas para no volver…”. Ni corto ni perezoso, Juanito lo empleó todo en comprar una flota de camiones, excavadoras y coches pequeños de plástico de todas las formas y tamaños, le encantaban, a mí me gustó mucho la idea, pero después de pasar la tarde disfrutando como enanos, algún adulto descubrió el pastel, bien escondido, en su casa y confiscó todos los juguetitos para que la Coscurrera, o quien fuese la del Kiosco de la Torre, les devolviera aquella suma “dilapidada” de tan inútil manera, creo que incluso la recriminaron, no lo sé. Yo no olí ni un durito, creo que él tampoco. Y ahora me pregunto: si el dinero nos lo habíamos ganado “honradamente” los dos juntos…¿por qué los padres se sentían en la obligación de enderezar entuertos de ese tipo?, tampoco era tanto lo que compró Juanito, y la ilusión que tenía era tan intensa que, incluso a mí, que no era muy camionero, me arrastraba, lo veía tan feliz que yo participaba indirectamente de su energía positiva. Lo quiero mucho más que un montón de montones de camiones, es mi primo, muy divertido, bromista y socarrón. Siempre fue un puntazo y hemos pasado de todo juntos.

antiguas03Eso del fútbol nunca se me dio bien por gordo y pacífico, consecuente, e irremisiblemente: lento de aburrir a ostras. Gordo, obeso, tengo grabadas en el cerebro de reptil escenas vejantes en las que era perseguido por un grupo de niños, acosándome y rodeándome, que coreaban en alta voz: “gordito relleno de pan y jamón” y “a la gorda, a la gorda le pica el culo porque ha comío choricito crudo” (esto iba con música) capitaneados por mi primo Simbi, más pequeño que yo, éste era ya, y siempre lo ha sido, muy buen amigo mío, alguien dirá: “señor: ¡líbrame de mis amigos, que de mis enemigos ya me ocupo yo!”, pero nunca lo llevé muy mal, mientras no me hicieran daño…podían decir lo que les pareciera, yo seguía siendo yo, pacífico e inalterable ante las provocaciones. De todas formas, para el chivo expiatorio, y muy a su pesar, protagonista “ad baculum” del poco edificante espectáculo, no es un plato de gusto, pero mucho menos si eres tú mismo el objeto de las burlas.

Me traumatizó largo tiempo lo de “gordito relleno”, pero hay que madurar, y sobre todo adelgazar para ser como la corrección política al uso decide que todo el mundo debe ser. Los niños son muy crueles, y yo también lo era, siempre a mi manera, y siempre con quien podía menos que yo. Como sabía, eso todos los niños lo saben, con quién podía quedar por encima, me metí con mi primo Jacinto, que era más pequeño hasta que un día me dio tres patadas seguidas, él jugaba al fútbol en Madrid, y ahí se terminaron las relaciones de poder, nunca hemos tenido ningún problema más. También me metía con mi abuela Catalina, mi Mama Nina, a la que se le podía decir de todo, incluso insultos, ella los recibía aparentemente con una sonrisa de oreja a oreja, desde aquí le pido perdón y le doy las gracias por no sacar fuera del tiesto cosas propias de niños.

Las tres en raya eran muy socorridas en cualquier momento, piedrecitas no faltaban, con una pizarra o piedra que pintara se dibujaba en cualquier superficie dura el tablero o, con un instrumento punzante, sobre la tierra. Pero yo adoraba ver a las niñas con aquellas falditas cortas y los calcetines a media pierna jugando a la goma, y me habría encantado jugar, es más, muchas veces jugué, pero no era bien visto por los otros niños. A mí me terminó comprando mi madre una y jugaba con dos sillas dentro de casa para que no me viesen, ¡con lo que me gustaba andar en la calle!. Estaba muy mal visto por otros niños que uno de ellos jugara a juegos de niñas, lo llamaban mariquita. Mira tú. Yo pensaba: Los mayores salen con chicas, ¿por qué no voy a poder estar yo, que soy un niño, con las niñas?, le daba vueltas y vueltas, nunca conseguí comprenderlo. Además, si el que se divierte con las niñas es mariquita, ¿el que se divierte con los niños…qué es?. A mí me gustaba estar con ellas, eran encantadoras, pacíficas, no se metían conmigo, se podía hablar de todo y no intentaban nunca quedar por encima, igual que yo. Aparte, y todo hay que decirlo, el único niño de mi barrio durante bastante tiempo, era yo. Y el Pocito o la Cerquilla constituían Universos paralelos y bastante desconocidos.

He sido testigo de uno de los últimos “parches pedrás” del pueblo, antes de que nos civilizaran un poco más. Un “parche pedrás” es un combate de dos grupos de niños y menos niños tirándose piedras unos a otros para ver quién es el que causa más bajas y gana terreno. Herencia histórica lúdica de esta piel de toro, miles de veces vilipendiada por la fuerza de la violencia grupal, racial, machista, imperialista o religiosa y que había sobrevivido hasta la segunda mitad del siglo veinte.

log_proLa única vez que mi amigo Tomás y yo decidimos participar en aquella orgía por la conquista del poder de un grupo con el objeto de humillar al enemigo, actividad absolutamente insultante para cualquier tipo de moral e inteligencia, sabiendo que se preparaba algo, intentamos unirnos al grupo del Pocito, éstos nos rechazaron en masa y de plano por razones obvias. Completamente despechados, justo antes de presentar batalla , siendo de la Fuente, barrio demasiado cercano a ese que nos había desdeñado (craso error), fuimos a ofrecernos, para vengar aquella afrenta cometida por la banda de nuestros vecinos, al grupo del “Arroyo”. Buen título de película: “los guerrilleros del Arroyo”.

Se encontraba el grupo beligerante forastero en el cruce de la asquerosa callejina Aguilar con la calle Palacios. No conocíamos a ninguno. Éstos, al vernos venir, pensaron que éramos espías enviados por e enemigo, lógicamente…para espiar. Como no nos creían para nada, y era yo el que había convencido a Tomás de participar en la historia, tomé la palabra; tras una breve exposición del deseo que nos impelía a rendir pleitesía a ese grupo, y para convencerlo de nuestra inequívoca voluntad de adhesión, me atreví a decirle algo que siempre me había prohibido, porque era pecado mortal , en plan “mira, me juego ir al infierno por la frase, pero, como soy sincero, te voy a demostrar que por plantar batalla a vuestro lado, soy capaz de decirlo”, y, en voz alta, de pito supersoprano, la que yo tenía, espeté al cabecilla como post data: “¡¡te lo juro!!”, a lo que el otro, tres o cuatro años mayor, capitán y adalid respondió instantáneamente: “¡¡¡…por mi culo!!!”. Fue la sentencia definitiva, sin violencia y dos veces despechados, huímos del campo de batalla con rabo entre piernas y orejas gachas…a jugar otra vez a las tres en raya. Evidentemente la lucha y la guerra no se habían inventado para nosotros.

log_busPor aquella época hacía furor entre las niñas de todo el mundo un deporte exportado por los Estados Usados: el baile del “aro”. Luego lo llamaron “hula hoop”, supongo que era impronunciable en dialecto extremeño, o no sonaba, Tirone Pober, Clar Gable , Rita Aibor, Jon Vaine,…se soportaban, pero “ula op” no suena bien. En España alguno podría haberlo visto en la capital, pero el huracán de moda duró poco, en realidad, me contó mi papa, lo prohibieron las autoridades eclesiásticas, ya que los movimientos que realizaban las niñas, jugando con ese barato chisme, eran obscenos y podían fomentar la lujuria de algunos pobres adultos proclives, cuando fuesen expuestos al turbador, posiblemente excitante para la carne y, por consecuente, pecaminoso espectáculo de balde y en la calle pública. Lo más cercano que vimos por entonces era un juguete mecánico de hojalata precioso que representaba a una joven animadora a la que le giraba un aro de esos (ella estaba siempre quieta) por la cintura, nunca contemplé a ninguna chica jugando con el dichoso instrumento hasta años y años más tarde, cuando llegó la democracia y con ella la relajación moral, venganza costumbrista contra tantos y tantos años de represión, a la que se llamó “ destape”.

Volviendo a la famosa goma, siempre por mi barrio, las machacantas, Fefi y Mari eran las reinas del mambo. Se ponían dos chicas sujetando la goma, frente a frente y alejadas para que la goma estuviese bien tensa. Tres posiciones básicas: con los pies abiertos, con los pies juntos, más difícil, y, aún más, con un solo pie; existían niveles, como en el Super Mario, pero sin geim boi: el nivel uno, goma por el tobillo; el dos, a la pantorrilla, el tres por la corva, el cuatro a medio muslo, el cinco sobre el culo; me perdonais el refrán más pornográfico de la lengua castellana: “culo veo…culo quiero”, con el que se nos ha pervertido a los niños desde que tenemos uso de razón, o… ¿es que nadie se ha parado a pensarlo??. el seis encima, a media cintura, luego debajo de las axilas, en el cuello, sólo para arriesgadas y bien entrenadas, también he llegado a presenciarlo, evidentemente, a la que perdía le tocaba sujetar la goma hasta que perdiera la siguiente. Había que ver a Mari Machacanta, tan delgada que parecía fruta de aire y transparencia espiritual. Pegaba unos saltos que podían haber dejado en ridículo al mismísimo Michael Jordan, ellas por todos sitios jugaban, pero si a ti se te ocurría participar, con tu masculinidad, ya lo he dicho, como te viera algún niño… se metía contigo.

5 comentarios to “CRÓNICAS: Lecturas del fin de semana.”

  1. Me acuerdo que en el patio de la escuelas,buscábamos una arañas
    a las cuales , con un palito, levantábamos la tapadera de su casa y salían corriendo hacia la entrada, lo pasábamos muy bien.

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  2. No te canses de escribir estas crónicas, me transportan.

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  3. Junto a la fotografía de chicas deportistas, haces referencia al fútbol, pues no eran futbolista,eran del equipo de baloncesto .

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    • yo no pongo las fotos, y le agradezco a la persona que lo hace su trabajo, aquí nadie cobra, gracias por tu precisión, para mí el deporte es deporte se llame como se llame, siempre odié el fútbol, porque me lo impusieron, y siempre me gustó el baloncesto, porque fui yo el que lo eligió. Llegué a ser capitán del equipo de Medicina, es otra historia, ahhh!!!, se me olvidaba: nunca ganamos un partido, nunca, nunca.
      Manuel Palacios

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  4. Me recuerda mucho, mucho a «LA VÏA MUERTA»…

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